Inundación en Santa Fe /

Anegados por la incapacidad y el olvido

La destrucción del ecosistema político influye en las catástrofes naturales tanto o más que la incontenible devastación de los ecosistemas.

La destrucción del ecosistema político influye en las catástrofes naturales tanto o más que la incontenible devastación de los ecosistemas.

Córdoba, 3 abril 2007 (La Voz del Interior).- En 1973 se produjo la más alta crecida del río Salado, que sobrepasó los siete metros de altura. Desde entonces, crecieron las promesas de los gobiernos nacional y de la provincia de Santa Fe de obras de infraestructura destinadas a proteger a la ciudad capital y a otros centros urbanos ribereños de las cíclicas devastaciones. Desde entonces, también, el país padece una inusitada correntada de opiniones técnicas respecto de las causas de estas catástrofes que producen víctimas y cuantiosas pérdidas materiales.

Dos son las teorías más frecuentadas por los técnicos y los que no lo son: el indiscriminado desmonte y el ascenso de las napas freáticas. A ellas se ha añadido una tercera: el monocultivo de la soja, una oleaginosa que tiene un gran poder esquilmante de la fertilidad de los suelos.

Se desconoce cuándo aparecerá una cuarta teoría, mientras se calla la principal: la incapacidad e insensibilidad de la clase política que, en función de gobierno, sólo se preocupa, y en cierto modo se ocupa, cuando las aguas arrasan hasta las esperanzas de los damnificados de ser tomados en consideración algún día por los poderes públicos.

Quizá el mejor diagnóstico de esta penosa situación haya sido el realizado por Jorge Cappato, premio Global 500 de las Naciones Unidas, quien en 1998, año de otra de las grandes crecientes, afirmó: “Esta tragedia es el precio que la Argentina está pagando por haberse convertido en el segundo productor mundial de soja. Esto no es un desastre natural. Para hacer esta tragedia no alcanza con una lluvia extraordinaria. Hacen falta suelos agotados por los monocultivos y una deforestación irracional. En toda la cuenca, rutas mal construidas, calentamiento global, falta de circulación de la información científica y, sobre todo, una dirigencia inoperante con un inconcebible desprecio por los que menos tienen, que es de donde, paradójicamente, desde hace 20 años recogen los votos”.

Que ello es así se confirmaba en estos días por las quejas y denuncias de los inundados. “Los políticos vienen aquí antes de las elecciones y prometen de todo y dejan algunos colchones y cocinas y no vuelven más. Nos cansamos de pedir obras y audiencias, pero no nos escuchan”. Y, sin embargo, en las siguientes elecciones vuelven a votarlos.

Es un círculo pernicioso creado por la incultura cívica de unos y la cultura de la perversión de la práctica política de otros.

Peor aún: cuando los funcionarios y legisladores emergen de su bien rentado sopor y se deciden a hacer algo, lo hacen mal. Ejemplo de ello es la obra de la avenida Circunvalación Oeste, que es un único proyecto integral en la ciudad de Santa Fe, pero el gobierno provincial la dividió por motivos económicos en tres tramos.

Entre 1994 y 1998 se ejecutaron los tramos 1 y 2, que cumplían una doble función, vial y de protección o defensa contra las crecidas del río Salado, pero el terraplén de defensa quedó abierto, sin terminar, y donde concluye de manera abrupta el terraplén del segundo tramo, “muere en un absurdo”, como se denunció en reiteradas oportunidades, porque termina en un muro de mampostería de sólo 30 centímetros de espesor, transversal a la defensa. Por allí ingresa la creciente en la ciudad.

Desde 1980 (en 1985, 1986, 1987, 1990, 1992, 1993 y en los cuatro últimos años), ese sector de la ciudad soporta inundaciones cada vez más amplias y prolongadas, por insuficiencia de vías naturales de escurrimiento, que se suma a la sobreelevación constante del nivel freático y la consiguiente pérdida de capacidad de absorción de los suelos.

La provincia de Santa Fe será anegada seguramente por torrentes proselitistas de dirigentes y punteros políticos, munidos de decretos de emergencia, colchones, alimentos y enseres de todo tipo, con los que alzarán un muro de contención de la ira de quienes nuevamente lo perdieron todo, pero, llegados al cuarto oscuro, olvidarán sus sufrimientos y volverán a votarlos.

Es que la destrucción del ecosistema político también influye en las catástrofes.

Fuente: Diario La Voz del Interior, Argentina

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