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El "boom" tiene su lado oscuro

  • La soja, un fenómeno que contagia a toda la economía.
  • A la par de la soja, un debate viene ganando intensidad. En rigor, son cada vez más las voces que advierten que el rápido crecimiento del cultivo genera situaciones negativas, y que se requieren políticas concretas para corregirlas. El arco de críticas es amplio y abarca desde temas ecológicos hasta cuestiones sociales y económicas.

Buenos Aires, 9  de febrero 2004 (Clarín).- A la par de la soja, un debate viene ganando intensidad. En rigor, son cada vez más las voces que advierten que el rápido crecimiento del cultivo genera situaciones negativas, y que se requieren políticas concretas para corregirlas. El arco de críticas es amplio y abarca desde temas ecológicos hasta cuestiones sociales y económicas.

El principal argumento en contra de la soja es el riesgo de caer en un monocultivo, que termine dañando los suelos debido a la falta de una adecuada rotación de cultivos. La advertencia ha sido hecha por ecologistas, pero también por el INTA y hasta por Miguel Campos, titular de Agricultura. En ámbitos oficiales circula un dato que incrementa esa preocupación: el 50% de la superficie agrícola no está siendo manejada por sus dueños sino por arrendatarios, que no siempre cuidan el recurso como se debe.

Otra crítica frecuente es que la soja ha desplazado a varios cultivos tradicionales (maní en Córdoba, porotos en NOA, algodón en NEA, maíz en la pampa húmeda, arroz en Mesopotamia), además de provocar el cierre de miles de tambos y el desplazamiento de la ganadería hacia zonas marginales.

Durante 2002 la Argentina debió importar dos productos que antes le sobraban: algodón y leche.

Desde un costado estrictamente económico, los recelos apuntan a la alta dependencia de las exportaciones en la soja, que hoy explica la cuarta parte de los embarques nacionales. Pese a que la Argentina ha demostrado ser sumanente competitiva en este rubro y la demanda internacional se muestra tonificada, sigue siendo éste un mercado muy permeable a oscilaciones bruscas de precios.

Por otro lado, son crecientes en muchas provincias las protestas de pequeños productores, que denuncian ser expulsados de sus tierras, pese a que las ocupan desde hace varias generaciones. Es que la mayoría de los minifundistas no tiene papeles que lo acrediten. Resultado: hay numerosos litigios judiciales y una conflictividad social creciente en muchas provincias del Norte.

Fuente: Diario Clarín

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