Salud y ambiente /

Dengue: ¿por qué no pudo
detenerse la epidemia?

• “Hacemos un fuerte llamado a las autoridades responsables, de Salud y de Medio Ambiente, particularmente, tanto de los niveles nacional y provinciales como municipales, para que vayan más allá de las meras fumigaciones que crean una contraproducente sensación de seguridad en la población y no atacan la raíz del problema: la permanencia de micro-criaderos domiciliarios y peridomiciliarios del mosquito transmisor, siendo además que ahora se sabe que los huevos del Aedes aegypti resisten a los pesticidas y al cloro” –señalaron desde la Fundación PROTEGER ante el incesante aumento de los casos de dengue, que ya superan los 38.000.
• PROTEGER hizo “un fuerte llamado” a las autoridades para que focalicen sus esfuerzos teniendo en cuenta los lineamientos de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), dependiente de la Organización Mundial de la Salud (OMS), en cuanto a que “las campañas exitosas requieren –indispensablemente–, de un fuerte componente de comunicación y participación social destinado a lograr la colaboración activa de la comunidad para erradicar los criaderos del mosquito Aedes aegypti”.
• “Lamentamos sobremanera las declaraciones de quienes afirmaron hace pocos días que ‘el dengue llegó para quedarse’ ya que, si bien nos enfrentamos a un gran desafío, con esta mentalidad derrotista no hubiera sido posible erradicar de la Argentina los casos de malaria de los ‘50, ni frenar el avance del cólera en los ’90, ni haber obtenido éxitos en la lucha contra el Chagas” –indicaron desde la ONG en un pormenorizado informe.

Criaderos con agua de lluvia o de riego, donde el mosquito Aedes aegypti pone sus huevos. El ciclo huevos-larvas-adultos se completa entre 7 y 13 días, según la temperatura. Dibujo: G. Rossi, Conicet; W. Almirón, UNC.

Buenos Aires y Santa Fe, 30 marzo 2016 (Prensa/Proteger).- Ante la actual epidemia de dengue que, con casi 40.000 casos notificados oficialmente, afecta principalmente a las provincias del norte y centro del país, la Fundación PROTEGER hizo “un fuerte llamado” a las autoridades para que focalicen sus esfuerzos teniendo en cuenta los lineamientos de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), dependiente de la Organización Mundial de la Salud (OMS), en cuanto a que “las campañas exitosas requieren –indispensablemente–, de un fuerte componente de comunicación y participación social destinado a lograr la colaboración activa de la comunidad para erradicar los criaderos domiciliarios y peri-domiciliarios del mosquito transmisor Aedes aegypti”. El lema central de la OPS/OMS es muy claro: “Sin criaderos no hay mosquitos. Sin mosquitos no hay dengue, chikungunya, ni zika” –destacó la ONG.

“Hacemos un fuerte llamado a las autoridades responsables, de Salud y de Medio Ambiente, particularmente, tanto de los niveles nacional y provinciales como municipales, para que vayan más allá de las meras fumigaciones que crean una contraproducente sensación de seguridad en la población y no atacan la raíz del problema: la permanencia de cientos de miles de micro-criaderos en las viviendas, incluyendo patios, jardines, techos y terrazas, y en los terrenos baldíos especialmente aquellos que acumulan residuos u objetos capaces de retener agua de lluvia o de riego. Ahora se sabe, además, que los huevos del Aedes aegypti (ver abajo) son resistentes a los pesticidas y al cloro” –señaló Jorge Cappato, director de PROTEGER, quien en los años ’90 jugó un rol como comunicador en la lucha contra el cólera y posteriormente en 2009 cuando la anterior gran epidemia de dengue.

“Con el apoyo de radios, TV, prensa escrita, escuelas y organizaciones de la sociedad se pudo evitar una epidemia de cólera en Argentina en los ’90. Ahora la acelerada expansión del dengue muestra la falta de una información clara y efectiva capaz de producir un cambio de conducta. La gente puede entender el modo de defenderse y accionar rápidamente eliminando en su propia casa y entorno los criaderos del mosquito transmisor, Aedes aegypti, pero esto se debe explicar con claridad, con campañas multimedios y coordinación intersectorial. Esto es una responsabilidad del Estado. El fracaso actual, con más del doble de casos que en la epidemia de 2009, demuestra que hay que pasar de estrategias ‘verticales’, ineficientes, a campañas ‘horizontales’ con presencia estatal y una fuerte participación social” –advirtió.

“Más aún, si la clave de la victoria sobre el cólera fue el lavado de manos, la cocción de los alimentos y el agua potable, la clave de la victoria sobre el dengue depende de que la gente elimine los ‘cacharros’, todo recipiente u objeto capaz de juntar agua de lluvia o de riego. En términos de la OMS ‘acciones simples que pueden ser llevadas a cabo por personal no especializado’, es decir por la propia población, obviamente como resultado de una campaña mediática y educativa del Estado a gran escala” –indicó.

Mentalidad derrotista

“Lamentamos sobremanera las declaraciones de quienes afirmaron hace pocos días que ‘el dengue llegó para quedarse’ ya que, si bien nos enfrentamos a un gran desafío, con esta mentalidad derrotista no hubiera sido posible erradicar de la Argentina los casos de malaria de los ‘50, ni frenar el avance del cólera en los ’90, ni haber obtenido éxitos en la lucha contra el Chagas. Las epidemias de fiebre amarilla –con el mismo mosquito como vector–, en el Buenos Aires del siglo XIX, sirvieron no sólo para crear el cementerio de la Chacarita, motivaron a las autoridades de entonces a generar una verdadera revolución del saneamiento y el agua potable en el país, acompañado de un cambio de mentalidad profundo en materia de salud pública. La actual epidemia de dengue muestra que no estamos a la altura de los cambios locales y globales. No vemos un cambio de rumbo en el Estado sobre cuáles son las medidas de lucha prioritarias y dónde centrar el uso de los recursos. Ahora bien, donde las autoridades no toman las medidas correctas deben reaccionar otras instituciones y las organizaciones de la comunidad, no hay más tiempo que perder ya que las lluvias y el calor seguirán hasta entrado este invierno” –sentenció.

La Dra. Roses, especialista de la OPS/OMS –recordó Cappato–, recomendó oportunamente que “se deben reclutar a la comunidad, a los grupos de religiosos y a las organizaciones sociales para limpiar los vecindarios y deshacerse de recipientes que contienen agua estancada, que albergan huevos y larvas de mosquitos e intercambiar información sobre prevención. Los gobiernos tienen que informar, educar y organizar a la comunidad, además de fortalecer la vigilancia y el control de sitios que favorecen la multiplicación de los mosquitos, además del manejo clínico de los pacientes”.

Según la funcionaria de la OPS, “el dengue no es sólo una responsabilidad del sector de salud: se requiere un enfoque integrado y multidisciplinario, incluyendo a los municipios y el apoyo fuerte de los medios de difusión con mensajes de prevención y educación claros y precisos. Si no hay criaderos domiciliarios y peri-domiciliarios no habrá mosquitos transmisores, y por lo tanto no habrá dengue. Es una tarea de todos”.

En un comunicado de hace pocos días las OMS indicó que “el Aedes Aegypti ha demostrado una alta capacidad para adaptarse a los ambientes cambiantes; ha conseguido acomodarse en las zonas urbanas, apareciendo en áreas muy pobladas, sin agua corriente y con malos sistemas de almacenamiento y recolección de basura. Se encuentran larvas del mosquito en contenedores artificiales, como tapas y botellas de plástico, platos de macetas, floreros de cementerios y recipientes de agua para mascotas”.

La OMS es contundente al advertir que “algunos éxitos de programas de control vectorial a gran escala hizo que, poco a poco, los países fueran abandonando las estrategias participativas y las fueran sustituyendo por fumigaciones puntuales durante las emergencias”, una medida que, en opinión de la OMS, “tiene mucha visibilidad y atractivo político pero poco impacto si no se implementa junto con otras estrategias”.

El Aedes aegypti, transmisor del dengue, zika y chikunguña pone sus huevos en agua limpia de recipientes y desechos. La OMS recomienda priorizar la eliminación de estos criaderos con ayuda de los vecinos.

El Aedes aegypti, transmisor del dengue, zika y chikunguña pone sus huevos en agua limpia de recipientes y desechos. La OMS recomienda priorizar la eliminación de estos criaderos con ayuda de los vecinos.

Expansión sorprendente

Según la OMS “antes de 1970, solo nueve países habían sufrido epidemias de dengue. Sin embargo, ahora la enfermedad es endémica en más de 100 países”. El mosquito Aedes aegypti vive en hábitats urbanos y se reproduce principalmente en recipientes artificiales. A diferencia de otros mosquitos, este se alimenta durante el día; los periodos en que se intensifican las picaduras son el principio de la mañana y el atardecer, antes de que oscurezca. En cada periodo de alimentación, el mosquito hembra pica a muchas personas. Los mosquitos vectores del dengue, contra lo que podría creerse, ponen sus huevos en el agua limpia, incluyendo recipientes y basura domésticos.

En Argentina se detectaron los primeros casos de dengue en Entre Ríos en 1916. No se notificaron casos hasta 1997. Desde esa fecha hasta 2007 se detectaron brotes de dengue en Salta, Jujuy, Misiones, Formosa y Corrientes con más de 3.000 casos autóctonos confirmados. Sin embargo la peor epidemia se dio en el otoño de 2009 con más de 26.000 casos, principalmente en el Chaco, Catamarca y Córdoba, extendiéndose a todo el norte y centro del país, además de 3 casos de dengue hemorrágico y 5 decesos.

Resulta fundamental que las autoridades y los comunicadores sociales –especialmente los formadores de opinión–, entiendan y respeten la recomendación central de la OMS en la lucha contra el dengue (extensible al zika y chikungunya que tienen el mismo mosquito transmisor): “Hoy por hoy, el único método para controlar o prevenir la transmisión del virus del dengue consiste en luchar contra los mosquitos vectores, especialmente mediante las medidas de prevención: evitar que los mosquitos encuentren lugares donde depositar sus huevecillos aplicando el ordenamiento y la modificación del medio ambiente; mejorar la participación y movilización comunitarias para lograr el control constante del vector; eliminar correctamente los desechos sólidos y los posibles hábitats artificiales; cubrir, vaciar y limpiar cada semana los recipientes donde se almacena agua para uso doméstico; utilizar protección personal en el hogar, como mosquiteros en las ventanas, usar ropa de manga larga”.

Entretanto Roberto Barrera, especialista en dengue del Centro para la Prevención de Enfermedades (CDC), en Puerto Rico, advierte que “los programas de control del Aedes aegypti están prácticamente desmantelados en muchos países y carecen de objetivos claros, presupuestos adecuados o personal calificado en entomología y control de vectores”.

“En el caso de Argentina un problema adicional es la carencia de suficientes epidemiólogos y funcionarios entrenados, y que se está luchando contra enfermedades tropicales que se consideraba pertenecientes a otras latitudes o que, desestimando las predicciones sobre el cambio climático, se pensaba no se iban a expandir hacia el sur. Hasta no hace mucho estas afecciones no figuraban en los planes de estudio, ni en las prioridades de las políticas públicas de salud” –subraya Cappato.

En este punto la OMS es contundente: “¿Por qué se les dice “desatendidas” a algunas enfermedades tropicales? Porque las poblaciones más pobres, residentes en zonas rurales remotas, barrios suburbanos marginales o zonas de conflicto, suelen ser las más afectadas por estas enfermedades, que persisten cuando hay pobreza y se concentran de forma casi exclusiva en las poblaciones pobres del mundo en desarrollo. Estas enfermedades reciben poca atención y se ven postergadas en las prioridades de la salud pública porque los afectados carecen de influencia política. Sin embargo muchas de las enfermedades tropicales desatendidas pueden prevenirse, eliminarse, e incluso erradicarse si se mejora el acceso a intervenciones seguras y rentables ya existentes. Su control depende de intervenciones simples que pueden ser llevadas a cabo por personal no especializado –profesores, dirigentes de las aldeas, voluntarios locales–, en acciones preventivas de base comunitaria”. http://www.who.int/features/qa/58/es/

Mitos peligrosos

En la lucha contra el dengue hay mitos populares, como que la principal herramienta son las fumigaciones; mitos que suelen adoptar algunas autoridades de salud y funcionarios municipales y provinciales. Al respecto es claro lo que dice John Helm, especialista en control de vectores: “El tradicional humo elaborado con químicos que utilizan algunas autoridades de Salud para combatir el mosquito transmisor del dengue es la causa de que las campañas de control de vectores no estén funcionando. La fumigación mata una mínima cantidad de mosquitos y a veces puede resultar más dañina para los humanos que para los mosquitos”.

“¿Tiene sentido fumigar para prevenir? No, no tiene sentido. Lo que tiene sentido es limpiar, sacar los cacharros, ordenar” -especifica Nicolás Schweigmann, profesor e investigador de Exactas UBA y director del Grupo de Estudios sobre Mosquitos del Departamento de Ecología, Genética y Evolución de esa casa de estudios, en un pormenorizado reportaje. http://www.energypress.com.ar/81411-mitos-y-verdades-del-dengue-en-argentina

“Además, los tóxicos fumigantes eliminan enemigos naturales del mosquito como sapos, ranas, libélulas y peces larvíboros. Y, uno de los aspectos más serios, es que los insecticidas ni el cloro eliminan los huevos del Aedes aegypti, protegidos por una cubierta a modo de quiste –como han revelado novedosos estudios del Instituto Oswaldo Cruz, de Brasil” –puntualiza por su parte Cappato.

“Por otro lado las sucesivas poblaciones de mosquitos han venido desarrollando resistencia genética a los plaguicidas, hecho constatado por innumerables estudios desde los años ’60 cuando comenzaron a usarse los organoclorados. La aparición en el mercado de los organofosforados y posteriormente carbamatos y piretroides ha tenido la misma respuesta adaptativa por parte de la genética de los mosquitos, una resistencia rápidamente adquirida dada la velocidad de su multiplicación” –destaca.

Relativo a una alternativa que se ha comentado en los medios las últimas semanas, el uso de mosquitos machos estériles: no hay estudios serios de que su uso en territorio esté dando los resultados esperados. En cuanto a las vacunas, a pesar de que algunos países las han aprobado y representan una esperanza a futuro, nos atenemos a la información oficial de la OMS: “No hay vacuna que proteja contra el dengue. Sin embargo, se han registrado grandes progresos en ese sentido, tanto contra el dengue como el dengue grave. Se están elaborando tres vacunas vivas atenuadas tetravalentes que se encuentran en fase II y fase III de los ensayos clínicos, y hay otras tres vacunas candidatas –basadas en plataformas de subunidades, ADN y virus inactivado purificado–, en etapas más tempranas de la investigación clínica”. http://www.who.int/mediacentre/factsheets/fs117/es/

Descubrimiento trascendente

Ahora se sabe que los huevos del mosquito transmisor del dengue (Aedes aegypti), que el insecto deposita en aguas estancadas, pueden sobrevivir hasta un año en condiciones de sequía y de frío, gracias a una película protectora que los envuelve y que, además, los protege de los insecticidas y del cloro. El hallazgo fue realizado por investigadores del Instituto Oswaldo Cruz (Fiocruz), de Brasil, quienes señalan que los huevos pueden esperar hasta las siguientes lluvias, incluso las del verano siguiente para eclosionar y convertirse en larvas.

La cáscara dura e impermeable que recubre a los huevos se forma entre 11 y 13 horas después de que éstos son depositados, protegiéndolos no sólo de condiciones meteorológicas hostiles, sino también de insecticidas y del cloro”, indica el Dr. Gustavo Rezende, investigador principal del estudio. Esta resistencia, señala, “reafirma la necesidad de implementar medidas de prevención para evitar que los huevos sean depositados en objetos y lugares húmedos o con agua”. Entre éstas, se cuentan lavar y refregar con frecuencia los recipientes que quedan a la intemperie, dejarlos boca abajo, taparlos o eliminarlos, para evitar que queden los huevos y luego las larvas se desarrollen. http://www.scidev.net/america-latina/salud/noticias/huevos-del-mosquito-del-dengue-sobreviven-sin-agua.html

Lecciones de 2009

El Dr. Severo Rennis, médico del Hospital 4 de Junio, de Roque Sáenz Peña, Chaco, una de las localidades más castigadas por la epidemia que azotó a la Argentina en 2009, advertía a la población que “el mosquito vive en el agua clara que se junta en  las gomas, los tachos, los  aljibes, cacharros, chapas acanaladas que  juntan agua, tanques de agua sin tapa, floreros de cementerios, desarmaderos de coches, gomerías y objetos abandonados en los fondos de las casas”.

“La gente debe aceptar rápidamente que esto lo resuelve la decisión personal, de la familia, la comunidad y el pueblo, organizándose para erradicar los criaderos”, enfatizó Rennis. “No se queden simplemente esperando a las autoridades sanitarias, ni las fumigaciones de la municipalidad de su zona; la gente debe sumarse en forma urgente para limpiar los patios y lugares abandonados” –indicaba.

Según la OPS/OMS, “la mayoría de las estrategias educativas efectivas se centran en elevar los conocimientos de la población sobre dengue y su agente transmisor. Existen principios básicos para lograr el éxito en la batalla contra el dengue, entre ellos: la voluntad política, la coordinación intersectorial, la participación de la comunidad, y el fortalecimiento de la legislación nacional”.

Dengue, zika, chikungunya y cambio global

“Es evidente que el virus del dengue, para el cual no hay aún vacuna alguna, es un buen viajero. Como ha ocurrido con la Fiebre del Oeste del Nilo (apareció en USA y tuvimos un caso en Córdoba, en 2008) el dengue se ha corrido desde Asia y África hacia América Latina”, explicaba precisamente ante la epidemia de 2009 uno de los máximos referentes en materia de cambio climático, el Dr. Osvaldo Canziani. La actual expansión mundial de los virus del zika y la chikungunya –también transmitidos por el Aedes aegypti–, no hace más que corroborar la incidencia del cambio climático. En 2016 la presencia del fenómeno de El Niño, que según todas las previsiones se hará sentir hasta entrado el invierno, agrega un componente nada menor en el desarrollo y expansión de los brotes epidémicos en un año donde los primeros casos comenzaron tempranamente comparado a eventos similares anteriores.

“El calentamiento terrestre produce dos efectos: la expansión del área de infección y, además, un efecto similar al de la multiplicación del plasmodio de la malaria en el sistema digestivo del  mosquito (Anopheles). Lo mismo ocurre con el Aedes aegypti, principal vector del dengue, aún cuando otra especie, el Aedes albopictus, también puede transmitir el dengue simple y hemorrágico –éste  grave y a veces mortal”, aclara el experto argentino del Panel Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC) de Naciones Unidas.

Como la reproducción y proliferación de ese tipo de mosquitos se exacerba en condiciones térmicas que excedan los 25 °C, por períodos de 15 días o más, “no cabe duda, como lo indican los estudios epidemiológicos, y siendo la temperatura un factor importante para la reproducción de estos mosquitos, que el calentamiento global juega un papel sustancial en la diseminación del vector”, aclaraba. (http://www.proteger.org.ar/dengue-jaque-region-calentamiento-global)

Pero hay algo más. Estudios recientes muestran que el aumento de temperatura generaría una más rápida reproducción de los virus en los órganos digestivos del mosquito, con un incremento en la efectividad de la diseminación del dengue, zika, chikungunya, etc. Como las larvas de A. aegypti y otras especies de mosquitos vectores de enfermedades transmisibles se desarrollan en aguas claras estancadas, “los aumentos en las lluvias intensas y/o persistentes, y la simple formación de superficies pequeñas de agua, en ámbitos con las temperaturas mencionadas, constituyen la ‘fuente’ fundamental de proliferación de los mosquitos”.

Comunicación, elemento clave

Según la Dr. Linda Lloyd, en un reciente informe de la OPS/OMS, la comunicación social es clave “para lograr un cambio de comportamientos dirigidos a estructurar un programa integral de prevención y control del dengue”. La Comunicación de la OMS para el Impacto Conductual (COMBI) es una metodología seleccionada como “la” herramienta para el desarrollo de la movilización y para alcanzar un cambio de comportamiento social  como base fundamental de los éxitos. Incluye desde creación de capacidades a través talleres de formación de formadores, videojuegos interactivos hasta la coordinación estatal para alcanzar la participación comunitaria e intersectorial.

La OPS ha reconocido el alto valor de la comunicación social en la prevención y control del dengue, el conocimiento y la práctica, la creación de equipos multidisciplinarios, y el uso de información para la toma de decisiones adecuadas, así como para la potenciación de la comunidad y los niveles de personal del Ministerio de Salud y otras reparticiones del Estado. El informe de la OPS también reconoce “la falta de apoyo de los ministerios y de los gobiernos locales de salud para las comunicaciones sostenidas y las intervenciones de cambio de comportamiento; y la creencia actual de que la salud y la enfermedad son responsabilidad exclusiva del sector de la salud”.

En sus directivas para la lucha contra el dengue la OPS pone el acento en que la comunicación social debe estar fuertemente enlazada con los componentes básicos de la estrategia para evitar la proliferación del Aedes aegypti: la erradicación de criaderos mediante una adecuada gestión ambiental –en especial la gestión de residuos sólidos–, la lucha biológica, y un cambio de conducta y cultural de las poblaciones vulnerables.

• 7 medidas sencillas para frenar la reproducción del mosquito transmisor

– Eliminar todos los recipientes en desuso que puedan acumular agua de lluvia o de riego del jardín (como latas, frascos, neumáticos, juguetes rotos).

– Dar vuelta los objetos que se encuentran en los patios, techos y terrazas que pueden acumular agua (baldes, palanganas, tambores).

– Cambiar diariamente el agua de bebederos de animales, portamacetas, colectores de desagües de aire acondicionado o lluvia, dentro y fuera de la casa, cada 3 días. Si fuera posible, utilice en los floreros productos alternativos en lugar de agua (p.ej. arena húmeda).

– Mantener limpias y cloradas las piletas.

– Mantener los patios y jardines desmalezados; limpiar y secar los desagües de lluvia (canaletas, rejillas).

– Tapar tanques y recipientes que se usan para recolectar o acumular agua.

– Utilizar mosquiteros; colocar telas mosquiteras (en ventanas y puertas); y usar repelentes y ropa clara y de mangas largas para evitar la picadura de mosquitos.

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Jorge Cappato. Periodista ambiental y de salud en El Litoral, Santa Fe, en los años ’80 y en Radio Universidad Nacional del Litoral en los ’90.  Premio Global 500 de Naciones Unidas (1992). En los ‘2000 fue coordinador del Comité Nacional de la UICN –Argentina y presidente del Comité Sudamericano de la Unión Mundial para la Naturaleza (UICN). Actualmente es director de la Fundación Proteger.

Fuentes recomendadas de consulta:

http://www.who.int/denguecontrol/control_strategies/es/

http://www.paho.org/hq/index.php?option=com_topics&view=article&id=1&Itemid=40734

http://www.who.int/mediacentre/factsheets/fs117/es

https://dengueinfoar.wordpress.com/

http://www.lavoz.com.ar/sucesos/dengue-notifican-mas-de-38-mil-casos-en-la-argentina

http://www.lanacion.com.ar/1882406-dengue-hay-25-veces-mas-casos-que-en-la-ultima-epidemia

 

Publicado en: Noticias

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