Argentina / COP10. Convención de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático. Buenos Aires, 2004
INUNDACIÓN DE SANTA FE: VULNERABILIDAD
Y ADAPTACION AL CAMBIO CLIMÁTICO
· El clima no es culpable.
· Un panel de expertos en meteorología y pronósticos de crecidas, juristas y afectados, advirtió sobre la posibilidad de nuevos desastres.
· La falta de mediciones de lluvia y de un modelo de alerta de corto plazo se señalaron entre los factores de riesgo.
Buenos Aires, 9 diciembre 2004.- En el aula magna del Jardín Botánico se desarrolló hoy el panel “Inundación de Santa Fe: vulnerabilidad y adaptación al cambio climático”, con la proyección de un video documental. Entre el público se encontraban periodistas, académicos y miembros de ONGs provenientes de diversos país que participaban de la CC COP10.
El panel tuvo como expositores a Leonardo Serio, del Centro Argentino de Meteorólogos, CAM; Anna Petra Roge, abogada de Ecolapaz y de la Iniciativa Justicia Climática; Víctor Fontana, afectado por la inundación de Santa Fe de 2003; Eduardo Flamenco, especialista en pronóstico de inundaciones del Instituto de Clima y Agua, INTA Castelar; y Jorge Cappato coordinador nacional de la Fundación PROTEGER – Amigos de la Tierra, Argentina.
Organizada por la Federación Amigos de la Tierra, Argentina, bajo el lema “El clima no es culpable” la actividad tendrá lugar en el marco de los eventos paralelos a la conferencia internacional COP10 de la Convención de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático, organizados por el Foro del Buen Ayre.
La inundación de Santa Fe por el desborde del río Salado, el mayor desastre hídrico en la historia de la Argentina –considerado hoy un caso de estudio-, afectó a unas 200.000 personas en abril y mayo de 2003, con decenas de víctimas fatales y pérdidas económicas y productivas multimillonarias.
Modelo de alerta de corto plazo
Los especialistas subrayaron que no se puede contar con un modelo de alerta de corto plazo para futuras inundaciones en la Cuenca del río Salado sin mediciones de lluvia. Esa carencia impide tomar decisiones acertadas en materia de inundaciones.
"Para armar un modelo de alerta se necesita el dato de las lluvias, al menos en las cuencas media y baja", explicó el ingeniero Eduardo Flamenco, un especialista santafesino que trabaja actualmente en el Instituto de Clima y Agua del Inta Castelar.
Según explicitó, la pauta serviría para contar con un modelo de alerta de corto plazo -con 5 a 10 días de anticipación- que combinaría los datos de la lluvia con las mediciones de caudales y altura que se efectúan en el río sobre la ruta 70 y que registran información desde 1952.
Si bien recordó que el Salado no cuenta con las estaciones de medición que sí posee el Paraná, Flamenco explicitó que, "teniendo los datos de la lluvia y del caudal, se puede armar un modelo de alerta. Así, se puede conocer el caudal a esperar en la ruta 70 y, en función de ese caudal, la altura que alcanzará el hidrómetro en la ciudad de Santa Fe".
El especialista dijo que tal modelo permitiría transformar la lluvia en caudal y recordó que "el hidrómetro está referido a la cota cero de IGM. Entonces, podemos incluso determinar la cota pelo de agua en la ruta 70 y, con la planialtimetría de la ciudad de Santa Fe, teniendo la cota de pelo de agua, se puede determinar un plano de afectación por inundaciones para determinar el área de riesgo".
En cuanto a la falta de datos históricos sobre los ciclos de crecidas y bajantes del río Salado, Flamenco señaló que existe, de todas maneras, información satelital desde los ’80 que posibilitaría "calibrar un modelo" de aproximación, interpretando las lluvias sobre la base de esos datos disponibles.
Carencia de mediciones
La falta de mediciones de lluvias sigue siendo un dato decisivo. El licenciado Leonardo Serio -basándose en información satelital- mostró que las estaciones pluviométricas de Reconquista, Ceres, Sauce Viejo y Rosario no habrían servido para prevenir el impacto de las precipitaciones extraordinarias sobre la cuenca del Salado, que precedieron a la inundación de la ciudad. El especialista -integrante del Centro Argentino de Meteorólogos- explicó que esas cuatro estaciones integrantes de la red del Servicio Meteorológico Nacional no cubrían el área de mayores precipitaciones que desencadenaron la catástrofe.
Sólo dos estaciones más -en El Trébol y Venado Tuerto- aportan en la actualidad datos al Servicio Meteorológico. En cambio fueron desactivadas, fundamentalmente en los años ’70 otras doce estaciones de medición de lluvias en territorio santafesino. Esas estaciones, que integraban la red que aportaba datos al Servicio Meteorológico Nacional, estaban ubicadas en Angel Gallardo, Carcarañá, Casilda, Tartagal, Tostado, Vera, Zaballa, Esperanza, Esteban Rams, San Cristóbal, San Javier y Santa Clara de Saguier.
Además, el licenciado Serio explicó que las mediciones en las estaciones del INTA de Oliveros y Rafaela no están disponibles en tiempo real y sólo sirven para alimentar los datos estadísticos de las series históricas.
El clima no es culpable
La abogada Anna Petra Rogge, de la Iniciativa Justicia Climática, que integra entre otras la red de Amigos de la Tierra Internacional (FoEI), describió las solicitudes legales hechas desde 2003 al gobierno nacional al fin de esclarecer responsabilidades concretas y evitar futuros acontecimientos similares.
La abogada manifestó su preocupación central referida al hecho de que las recomendaciones de los mayores especialistas mundiales que integran el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC, en inglés) no llegan a los tomadores de decisión, lo cual es una exigencia para el gobierno de Argentina, signatario de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático (CMNUCC).
Por su parte el coordinador nacional de la Federación Amigos de la Tierra, Argentina, Jorge Cappato, describió en detalle la sumatoria de factores que condujeron al desastre hídrico de 2003 y alertó sobre el riesgo de futuros desastres similares o de mayor magnitud en la Cuenca del Plata. “El IPCC ha señalado a esta parte del mundo como una de las más vulnerables mientras se sigue con el deterioro de los suelos y la cubierta vegetal en toda la cuenca”, enfatizó.
“La ciudad de Santa Fe todavía no cuenta con un plan de emergencia y evacuación. La población afectada por la tragedia de 2003, hoy se encuentra socialmente en peores condiciones, sigue desinformada y en una situación de alta vulnerabilidad”, advirtió finalmente Cappato.
Fuentes: Prensa/ PROTEGER y Diario El Litoral, 11 de diciembre de 2004



