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EL DRAMA DE LA POBREZA MÁS ALLÁ DE LAS CIFRAS

Santa Fe, 22 de Enero 2005.- Más de la mitad de los chicos santafesinos sufren serias carencias. Los números impactan pero no dejan de ser un dato frío. Los testimonios de personas comprometidas con la miseria infantil aportan una mirada contundente del problema, que está frente a las narices de todos pero que pocos quieren ver.

Ser pobre no es sólo carecer de un plato de comida sobre la mesa todos los días. No implica únicamente no tener ropa o calzado. O una vivienda digna. Va mucho más allá.

La mayoría de los niños marginales de Santa Fe recibe una porción de alimento diaria y un vaso de leche, pero no comparte la mesa familiar. Muchos están insertos en el sistema educativo, pero pocos pueden concentrarse y retener conocimientos. Son contados los casos que poseen sanitarios instalados y la posibilidad de higienizarse con una ducha de agua caliente.

Más de la mitad de los chicos santafesinos viven hacinados, no descansan bien porque duermen amontonados, comen pero no reciben los nutrientes indispensables para desarrollarse, están rodeados de basura e insectos y carecen de los servicios esenciales y de espacios y propuestas de recreación.

Ser pobre hoy es sinónimo de sueños truncados, de casi nulas expectativas de un futuro promisorio, de ausencia de proyectos de vida.

Para lograr una aproximación más certera de esta realidad que duele, El Litoral consultó a un pequeño grupo de actores comunitarios, que día a día convive con la pobreza material y espiritual de un gran porcentaje de la población infantil santafesina. Religiosos, docentes y vecinalistas contaron cómo se les estremece el corazón cuando los esfuerzos desesperados por cambiar la realidad no alcanzan, aunque nunca son en vano.

EXCLUIDOS

Ana María Salgado es directora de la escuela Monseñor Zazpe de Santa Rosa de Lima. Califica la situación general de la población estudiantil como "de una pobreza muy profunda", o más bien "de exclusión, que no es lo mismo", aclara. "Lo terrible de nuestros chicos es cuán excluidos son, al igual que sus papás y vecinos".

Su termómetro para medir la pobreza pasa por un dato simple pero contundente: "La alarmante cantidad de chicos que vienen sin zapatillas, se ven muchos más que en otra época, es una vergüenza nacional", sentenció.

El mismo parecer comparte el pastor evangélico Julio Caraffa, quien desde hace 30 años trabaja activamente en barrio Acería. Comentó que hace dos meses compró calzado para los chicos y quedó muy impresionado cuando les vio los piecitos: "Todos lastimados y sucios". "Hacemos campañas continuamente para recolectar zapatillas, lo que demuestra que la pobreza no se detiene".

Para el padre Axel Arguinchona, de la escuela parroquial Santa Rosa de Lima, "la pobreza ha recrudecido mucho". Sostiene que el año pasado hubo un pequeño alivio a raíz de las donaciones y el asistencialismo recibido tras la catástrofe hídrica, lo cual fue palpable en la calle. Por ejemplo, casi no había chicos mendigando ni trabajando en los semáforos. "Pero eso se terminó y la gente cree que como el tiempo pasó se terminaron las necesidades, cuando la realidad es que las cosas siguen muy difíciles. Muchos santafesinos desconocen cómo se está viviendo del otro lado de la vía, lo vieron cuando nosotros tuvimos que cruzarla expulsados por el Salado pero ya se olvidaron".

Desde la Federación de Entidades Vecinales, Mónica Ledesma y Pablo Maldonado no creen que "la situación sea más grave que el año pasado, sino que permanece y eso es lo peor. Estamos como en un statu quo del que no se sale y del que no vislumbramos una salida cercana".

La opinión de Edith Pierini, directora de la escuela Falucho, es que "la pobreza aumentó y que parecía haber mejorado pero fue por los subsidios (por la inundación de 2003), pero se terminaron "y la realidad es que no hay trabajo".

COMER EN FAMILIA

Los que brindan servicio de comedor coinciden en que los chicos tienen mucha hambre. "Resulta crudo ver la necesidad, a veces comen 4 ó 5 platos y uno no sabe cómo pararlos", aseguró el pastor.

Por su parte, Maldonado apuntó que es frecuente ver que después de comer guarden comida en un recipiente para llevar a sus hermanos mayores, que no son asistidos en los comedores.

"Si el chico no está bien alimentado no rinde. Muchos me preguntan por qué les doy la merienda a las dos de la tarde, y les contesto que si no hago eso no siguen adelante", dijo Caraffa.

Comer en la escuela, en la vecinal o en la parroquia es muchas veces la única opción que tienen los niños pobres. Pero ¿cuán importante es compartir la mesa familiar?, ¿cuántos diálogos quedan truncos?, ¿cuántos hábitos dejan de inculcarse?

Desde la escuela Cristo Obrero, Juana Perizzotti y Estela Gómez, directora y vice, respectivamente, coincidieron en que "el hecho de que no puedan compartir la mesa familiar es determinante en el desarrollo de los chicos, porque se disgrega el núcleo familiar, sería sumamente valioso que una mamá pueda cocinar a sus hijos dentro de una pobreza digna".

"Comen por asistencialismo, sin la familia, ven que su madre no cocina y que sus padres nunca trabajaron y reciben un plan. Esto es un grave problema, porque ya llevamos varias generaciones de chicos comiendo en comedores comunitarios", sostuvieron los representantes de las vecinales.

Por eso, quieren intentar que los chicos coman en sus casas y que las madres cocinen para "trascender el mero asistencialismo y empezar a hacer promoción social". Con este objetivo elaboraron un proyecto que de prosperar planean implementarlo en algunos comedores. "La idea es que les demos las herramientas necesarias, es decir, nosotros aportamos los fondos que ya tenemos para darles de comer y que el Estado financie la otra parte, porque como tiene que comer toda la familia será más caro".

NULAS OPORTUNIDADES

Ledesma y Maldonado están "absolutamente convencidos de que los chicos son víctimas de lo que pasó en este país en los últimos años y de la gran concentración de riqueza e incremento de la pobreza, porque no reciben la mínima oportunidad de tener una historia distinta".

"No son violentos, pero sí agresivos, es decir, responden agresivamente a la violencia que se ejerce sobre ellos", opinó la directora de la Zazpe.

En el mismo sentido, Caraffa expresó que "son agresivos en su manera de comunicarse, tocan y tiran todo, y esto se da por la ausencia de contención familiar y por la exclusión. Por más que son humildes tienen televisión y ven lo que hay en otros lugares, los servicios que tienen en los buenos barrios. Acá ni siquiera tienen un polideportivo, un lugar de recreación, sólo tienen la calle que crea delincuencia".

Bajo estas circunstancias, resulta casi imposible para los papás contenerlos y entretenerlos. "Hay que pensar que la mayoría no tiene video, computadoras, ni patios limpios para jugar, entonces deambulan por el barrio. Hay chicas que andan solas a las 9 de la noche y caminan por cuadras peligrosas", advirtieron desde la Cristo Obrero.

Uno de los mitos que hay en estos lugares, dijo Salgado, es que los papás y las mamás son abandónicos, que no quieren a sus hijos y que no van a las reuniones. "Eso es mentira porque sus chicos son lo único propio que tienen", dijo, según su experiencia.

Y antes de finalizar reflexionó: "Detrás de cada desocupado, de cada analfabeto, de cada niño pobre está la posibilidad cierta de ningún futuro. Por eso no hay que empezar a pensar en la necesidad de la gente común y dejar de decir cómo me preocupan los pobres. Hay que ocuparse todos los días y no sólo cuando son noticia".

POBREZA INTERIOR

El padre Axel destacó la profunda tristeza y desazón que nota en los vecinos de Santa Rosa de Lima, después del 29 de abril de 2003. "Antes era pura cumbia y alegría". En la parroquia escucha los problemas de la gente "que viene a descargarse un poco, hay como un bajón de fuerzas, incluso hay personas con enfermedades concretas y algunos que están internados aún hoy por depresión. Todo esto incrementa la pobreza interior".

HAMBRE EN LA ESCUELA

Aún si no existieran cifras globales sobre pobreza, la escuela Falucho podría aportar sus propios números para pintar el panorama que viven los chicos de Barranquitas, San Pantaleón y Villa del Parque, los principales barrios que componen la matrícula. A fines del año pasado eran 520 los alumnos en ambos turnos y sólo 10 figuraban en el casillero de "bueno" que mide de una escala que va de "muy bueno" a "deficiente", el coeficiente socioeconómico de las familias. O sea el nivel de ingresos.

El recuadro de "muy bueno" está vacío, desde nivel inicial hasta 7° año de la EGB. En "regular" figura una buena porción del alumnado pero la mayoría se encuadran en "deficiente", calificación que corresponde a los hogares donde no hay ingreso fijo, y que subsisten con un plan social.

En "bueno" están los hogares donde hay un sueldo fijo, con recibo y aguinaldo. Pero son los menos y alcanzan los dedos de las manos para contarlos.

Son datos a agosto de 2004, que una vez relevados se remitieron a la Dirección General de Programas, Proyectos y Estadísticas Educativas del Ministerio de Educación de la provincia.

El dato es una radiografía de la situación en esos barrios, donde el cirujeo y la changa son las principales fuentes de ingreso, junto con los 150 pesos del Jefe de Hogar.

Edith Pierini es la directora del establecimiento y admite que "el maestro que trabaja aquí tiene que tener una vocación muy fuerte: si no, renuncia y se va". Ella no se fue. Hace más de 20 años que está en la escuela, conoce a fondo el barrio y a los chicos, uno por uno. Y cuenta de qué manera los docentes se las ingenian para cumplir -con mínimos recursos- su función pedagógica, que cada vez se mezcla más con la de asistente social.

También reconoce un fuerte aporte del Estado, en subsidios para comprar útiles escolares, en el Plan Social que sumó libros a la completa biblioteca, y en el Programa Integral de Igualdad Educativa que comprende a 22 escuelas de la ciudad, 78 de la provincia y 1.000 del país.

Pierini agradece y reconoce los proyectos que se debaten y aplican para mejorar la situación de los chicos. "Pero ¿y los padres?" se pregunta para concluir en que deberían generarse, en paralelo, proyectos para toda la familia.

EN LA CRISTO OBRERO

A escasas cuadras de la Falucho, pero inserta en el corazón de Villa del Parque, la escuela Cristo Obrero vive una situación similar.

Recibe alumnos del mismo barrio, pero también de Villa Oculta y una gran proporción de Barranquitas Sur, "donde la pobreza es alarmante", apreciaron la directora, Juana Perizzotti, y la vice, Estela Gómez.

Sus alumnos tienen un nivel socioeconómico "bajo, muy pocos papás tienen un trabajo seguro, en su mayoría son changarines o cirujas".

Estas carencias se trasladan luego al aula "porque se nota la falta de apoyo familiar, y es entendible. Son familias numerosas, los papás y ellos mismos tienen que salir a buscar el peso para subsistir, no tienen comodidades en sus viviendas para hacer tareas, y muchos chiquitos están solos todo el día", aseguró Gómez.

Reconoce que son pocos los que tienen que salir a mendigar, "lo que no quiere decir que las necesidades sean pocas, pero hay papás que no lo permiten o viven lejos de las avenidas. Pero cuando son más grandes y ven que no tienen cómo hacer frente a sus carencias salen por su cuenta, y como no tienen contención familiar, sus padres muchas veces no se enteran".

Afinando el lápiz, calificaron la situación de la población escolar dividiéndola en tres grupos: "un 30 por ciento tiene padres que se preocupan por ellos, los traen y los buscan, son medianamente responsables y tienen sus útiles y ropa adecuada. Otro 30 por ciento pertenece al grupo que tiene un buen rendimiento escolar, pero no porque los padres estén comprometidos, sino porque su capacidad intelectual y su mediano nivel nutricional hace que al menos puedan absorber lo que se les da en clase. El resto muestra un mal rendimiento escolar y vive en una realidad mísera y paupérrima".

NÚMEROS MÁS, NÚMEROS MENOS

La novedad de un 65,5 % de menores pobres en el Gran Santa Fe medidos por el Indec para el primer semestre de 2004 causó conmoción. La relación con las cifras correspondientes a los últimos meses de 2003 y la conclusión de que el porcentaje había crecido, también. Las interpretaciones que vinculan ambos hitos no siempre coinciden: ¿hubo un crecimiento desmesurado de la pobreza en la franja más vulnerable de la población? ¿El cobro de subsidios por inundación tergiversó los datos que, en realidad, son históricos? "No se puede afirmar nada en forma taxativa porque no está la información desagregada", se concluyó desde el Ipec.

Desde aquella repartición provincial se advirtió sobre la nueva modalidad que presenta la Encuesta Permanente de Hogares que, de hacerse puntualmente en mayo y octubre en capitales de provincia (incluido Rosario como ciudad de alta densidad de población) pasó a ser continua, desde 2003, en algunos aglomerados.

Con esta metodología el último dato que se registró para Santa Fe fue de 34,1 % de hogares pobres y 46,1 % de personas en esa condición, sin discriminación por franja etaria. En el segundo semestre de 2003 los números eran más bajos: 25,2 % de hogares pobres y 36 % de personas pobres.

Fuente: Diario El Litoral, Santa Fe
http://www.litoral.com.ar/index.php3/diarios/2005/01/22/metropolitanas/AREA-01.html

  

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