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LA HISTORIA DE LOS HUMEDALES
Y LOS SERES HUMANOS
Los Humedales, tanto los que son muy antiguos como los de épocas recientes, contienen huellas y pruebas de su historia y preservan el testimonio de las actividades de los seres humanos.
Las relaciones entre los humedales y los seres humanos son múltiples, variadas y con frecuencia muy estrechas. Muchos de los humedales importantes de hoy día tienen gran antigüedad y pueden presentar señales claras de usos humanos tempranos, al tiempo que zonas hoy día secas pueden haber sido humedales en épocas remotas y conservar pruebas importantes del pasado humano. A lo largo del valle del Rift africano, humedales situados en orillas de lagos antaño existentes han presentvado restos de asentamientos de homínidos tempranos, como los de la garganta de Olduvai, que pueden tener 2 millones de años de antigüedad o incluso más.
En el lecho del río Jordán, en Gesher Benot Ya’aquov, al norte de Israel, la extraordinaria persistencia de las condiciones de los humedales han permitido que sobreviviesen pruebas de actividades humanas en el valle hace 800.000 años: huesos de animales, instrumentos de piedra y una gran variedad de restos de plantas indican que los seres humanos acudían a los humedales del valle a cazar o en busca de restos de animales y que utilizaban la vegetación de los humedales para extraer alimentos y materias primas.
Por otra parte, muchos humedales de zonas templadas y subárticas surgieron hace no sólo unos 12.000 años, cuando empezaron a derretirse los glaciares de la última Edad Gracial y subieron los niveles del mar. Otros humedales son todavía más recientes y puede que su presencia se deba a actividades humanas. Sabemos, por pruebas arqueológicas y documentales, que la zona de deltas y estuarios de Norfolk, Inglaterra oriental, es producto de la extracción de turba hace 500 a 700 años y que en muchos lugares, en los últimos 200 años, la extracción de gravilla en llanuras aluviales ha ido seguida de la aparición de lagos y pantanos. Estas estrechas relaciones entre las sociedades primigenias y el agua se repite en todo el planeta: gente que vivió a orillas del río en Monte Verde, Chile; junto a un arroyo en Boxgrove, en Inglaterra; en las orillas del lago Mungo en Australia. Todos estos sitios son de épocas muy distintas, pero cada uno de ellos representa uno de los primeros testimonios de actividades humanas en su respectivo continente.
Si nos remontamos a lo largo de la historia, podemos detectar distintas maneras en que los seres humanos han estado asociados a los humedales. Por ejemplo, en las grandes turberas altas de Europa noroccidental, las pistas de madera construidas desde épocas prehistóricas hasta la Edad Media muestran que los seres humanos se esforzaron en todo momento en llegar a las turberas y transitar por ellas. En Nueva Zelandia, en el periodo anterior a la llegada de los europeos, los maoríes edificaban pa, es decir, asentamientos defendibles en cimas de colinas y en pantanos: los asociados a los pantanos situados en torno al lago Mangakaware, en la isla Norte, estaban firmemente defendidos con empalizadas de madera, detrás de las cuales la gente vivía en casas asimismo de madera muy resistentes.
En ocasiones, los seres humanos han considerado los humedales sitios adecuados para sepultar sus muertos, y las excavaciones arqueológicas han recuperado muestras de las ceremonias y rituales asociados a los enterramientos. A este respecto, un lugar notable es el estanque de Windover, cerca de Cabo Cañaveral, Florida, Estados Unidos, utilizado para efectuar enterramientos hace unos 8.000 años. En el lugar, se sepultó a unas 300 personas envueltas en esteras o sudarios de fibra vegetal y acompañadas por objetos funerarios de hueso, asta y vegetales. Tal vez lo más conmovedor que se ha extraído de Windover sea el esqueleto de un muchacho con espina bífida, enfermedad que todavía padecen algunos seres humanos. Los habitantes de Windover eran nómadas y deben de haber transportado al adolescente, ocupándose activamente de él, durante los 15 años que vivió.
Se ha considerado que los humedales son un vínculo entre la vida cotidiana y otros mundos, un lugar en el que es posible aproximarse a los dioses y los espíritus, en el que incluso habitan algunos de ellos. Vistos a esta luz, los humedales pueden ser lugares en los que efectuar ofrendas. En Alemania septentrional y Dinamarca hace unos 2.000 años, en el largo y estrecho valle de Nydam, en Jutlandia meridional, guerreros ofrendaban a sus dioses el botín obtenido en sus expediciones: lanzas, espadas, escudos de madera pintada y por lo menos tres grandes e impresionantes naves.
¿Cómo hemos obtenido tanta información documentada acerca de la evolución de los humedales y su larga asociación con los seres humanos? Sencillamente, gracias a la minuciosa labor de los arqueólogos, que han determinado la evolución de los humedales a lo largo de miles de años mediante el análisis de los depósitos existentes en el cuerpo de los humedales: las arcillas, los cienos y las turbas situados entre la roca subyacente y la superficie. Lo que sabemos de la vegetación de los lugares procede del análisis de los restos de polen y de otras plantas; los moluscos e insectos, como los escarabajos, arrojan más luz acerca de las condiciones vigentes en el pasado. A menudo podemos determinar incluso las modificaciones de la calidad del agua de un humedal, por ejemplo, sus niveles de salinidad, pH y temperatura. Todos estos análisis nos proporcionan a menudo información sobre la evolución medioambiental de la región situada en torno a un humedal, lo que nos permite comprender mejor la evolución cultural de esa misma zona a lo largo del tiempo.
En los climas templados húmedos, algunas partes de humedales se han convertido en turberas elevadas, grandes cúpulas de turba cubierta de musgo Sphagnum. Las condiciones reinantes en una turbera elevada favorecen la conservación de testimonios de la evolución del medio natural y de un abanico de materiales arqueológicos orgánicos, es decir, estructuras y objetos de madera y, ocasionalmente, restos de personas: piel, cabellos, vestimentas y fragmentos de esqueletos, e incluso restos de su última comida.
Así pues, los humedales, tanto los que son muy antiguos como los de épocas recientes, contienen testimonios de su historia y de la situación reinante en la zona circundante mientras han existido. Ellos poseen la capacidad de conservar huellas importantes de la actividad humana, de los valores culturales que los seres humanos atribuían a los humedales en el pasado. Los humedales han tenido siempre una importancia vital para los seres humanos, desde muy distintas perspectivas, en cualquier momento de su historia y, por lo tanto, son un elemento importante de nuestra historia cultural. En sus actividades de ordenación de los humedales para reducir las amenazas que pesan sobre sus funciones y valores naturales, los defensores del medio ambiente comprenden cada vez en mayor medida la necesidad de una planificación para conservar asimismo este patrimonio cultural irreemplazable.



