EL PATRIMONIO CULTURAL DE LOS HUMEDALES Y LA CONVENCIÓN RAMSAR
· Aunque abundan los ejemplos similares de prácticas de ordenación que apenas han variado, muchas prácticas tradicionales están amenazadas
Sin una ordenación correcta de los humedales por parte de las personas que viven en ellos o en sus proximidades no se podría haber creado ni mantenido el abundante patrimonio cultural de los mismos. Esos métodos y prácticas forman parte de nuestro patrimonio cultural en igual medida que las estructuras materiales y los paisajes a que han dado lugar. Además, gracias a ellos algunos de los maravillosos humedales del mundo han sobrevivido hasta hoy. Cada vez se reconoce más la importancia de este patrimonio conforme las comunidades y los países se esfuerzan en mantener prácticas sostenibles de explotación en los humedales frente a demandas de rendimientos económicos mayores.Hoy día se siguen utilizando con buenos resultados algunas prácticas tradicionales antiguas de ordenación. Las comunidades aborígenes han gestionado tradicionalmente el Parque Nacional Kakadu, sitio Ramsar y del Patrimonio Mundial de Australia, durante miles de años, y la zona sigue desempeñando para ellas una función cultural, espiritual y social esencial. De igual modo, los mayas de los pantanos de Centla, un sitio Ramsar ubicado en Tabasco, México, han explotado armoniosamente los recursos de este gran humedal desde el siglo VII de nuestra era. En Argelia, un complejo régimen de gestión en cooperación gracias al cual se mantienen las fugaras, redes artificiales de distribución de aguas subterráneas, ha asegurado el suministro de agua a los oasis desde el siglo VII.
Una interesante práctica tradicional de solución de conflictos es el tribunal consensual. En la época medieval, las comunidades de regantes de Valencia, España, establecieron un régimen sencillo, pero eficaz, de solución de litigios a causa del agua, basado en audiencias rápidas y un elevado nivel de consenso social. Este tribunal de las Aguas lleva funcionando más de 1.000 años y probablemente sean la institución judicial más antigua aún vigente en Europa: el tribunal se reúne e imparte justicia a las puertas de la catedral una vez por semana.
Aunque son numerosos los ejemplos similares de prácticas de ordenación que apenas han variado, muchas prácticas tradicionales y consuetudinarias se hallan amenazadas conforme aumenta la población y se difunde la urbanización y se desarrollan las economías. Una tarea pendiente consiste en adaptar esas prácticas a las necesidades actuales, al tiempo que se siguen aprovechando los conocimientos tradicionales y se mantienen las tradiciones culturales. La existencia de estrategias de ordenación innovadoras, a partir de un diálogo franco entre los interesados de los lugares y las autoridades centrales ha dado a menudo excelentes resultados, cuya importancia ha sido subrayada en los lineamientos sobre manejo aprobados por la Convención de Ramsar en 1999.
En el delta interior del río Níger, en Malí, los pastores, los agricultores y los pescadores pusieron en práctica un sistema de ordenación que ha durado generaciones, gracias al cual cada grupo puede explotar de manera sostenible los recursos de la planicie aluvial en distintas épocas del año. Ahora bien, en los últimos decenios, el aumento demográfico y la grave sequía, aunados a la intervención de un gobierno más centralizado, han obligado a modificar estas prácticas tradicionales, lo que ha provocado pobreza, conflictos y deterioro del ecosistema. La solución ha sido que las comunidades locales modifiquen sus prácticas de ordenación con ayuda de organizaciones internacionales que actúan en colaboración con representantes de las autoridades locales y nacionales. Estos cambios dirigidos por la comunidad han logrado que se mantengan en gran medida en la llanura aluvial modos de vida tradicionales y las correspondientes tradiciones culturales.
Los pescadores locales han concebido a menudo fascinantes regímenes tradicionales de ordenación que se han utilizado durante generaciones. Para los maoríes de Nueva Zelandia, los mares ribereños y sus peces han sido tan importantes como la tierra, y han concebido y aplicado un conjunto sumamente organizado de costumbres –tikanga– para la explotación y la manipulación de peces, comprendidas normas espirituales y reglamentos estrictos de conservación de los peces basados en una comprensión pormenorizada de la ecología íctica. En el actual mundo interrelacionado sería difícil mantener esta situación, habida cuenta de que hay otros muchos usuarios que desean aprovechar los recursos marinos. Así pues, para sostener estos métodos tradicionales en algunas zonas costeras, el Gobierno de Nueva Zelandia ha concedido a los maoríes en exclusiva derechos sobre las zonas en que pueden administrar la captura de peces, mariscos y algas marinas para fines no comerciales, preservando de esa manera la viabilidad de sus costumbres y manera de vivir.
En el estuario de Sine-Saloum, Senegal, las prácticas de pesca tradicionales, controladas totalmente por los habitantes de la zona, sustentaron a la población durante generaciones facilitándole una fuente de ingresos y alimentos. Cuando Senegal obtuvo la independencia, estas prácticas tradicionales fueron sustituidas pro métodos de gestión modernos, más centralizados, que contribuyeron en parte a la degradación de los ecosistemas acuáticos costeros, lo que provocó un conflicto entre los pequeños pescadores y la pesca comercial y acabó por desbaratar un modo de vida tradicional. Gracias a la colaboración entre los pescadores, los elaboradores de pescado y los mayoristas, las autoridades religiosas y culturales del lugar e investigadores y representantes de las autoridades se ha elaborado un plan de gestión que concilia las prácticas tradicionales con normas de gestión “modernas” (comprendidas nuevas medidas legislativas) y permite que los habitantes del lugar controlen sus actividades pesqueras y sean plenamente responsables de ellas. Una consecuencia importante de esta estrategia ha sido el que las mujeres, tradicionalmente encargadas de elaborar la pesca, estén en la actualidad en pie de igualdad con los hombres en el proceso de adopción de decisiones. De modo similar, las mujeres desempeñan un importante papel en la gestión tradicional de la pesca en Guayaquil, Ecuador, y en algunos grupos indígenas de las costas del Caribe y del Pacífico de Colombia.
En muchos casos, es tristemente cierto que ya no se puede mantener prácticas tradicionales ante cambios irreversibles o incontrolables que se están produciendo en los ecosistemas. Así sucedió en Koshi Tappu, Nepal, un sitio Ramsar, en el que la pesca sin control agotó los recursos, privó a los pescadores tradicionales de su sustento y menoscabó las características ecológicas del ecosistema del humedal. Gracias al apoyo del Fondo de Pequeñas Subvenciones de Ramsar, los pescadores del lugar aprendieron técnicas de repoblación de peces y cría de peces en jaulas que les permiten obtener otros ingresos. En este caso, la solución adoptada no mantiene las técnicas tradicionales, con el paso del tiempo, se convertirán en técnicas tradicionales y en el patrimonio cultural del mañana.



