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LOS HUMEDALES, UN PAISAJE CULTURAL PROPICIO
PARA EL APRENDIZAJE Y EL OCIO

Desde la antigüedad, los humedales han sido lugares favoritos de recreo y ocio. Su abundante y singular fauna, sobre todo los pájaros, han atraído a monarcas, nobles y sacerdotes que disfrutaban cazando. En tumbas halladas en Tebas, Egipto, hay pinturas de escenas de caza, por ejemplo, la captura de aves con redes y la caza de aves acuáticas, y se sabe que en el delta y los humedales del Nilo atraían a nobles egipcios que capturaban aves utilizando bumeranes de madera y felinos entrenados para ello.

En el siglo XII, el príncipe don Juan Manuel, en su Libro de Caza alabó la laguna de Villena y la Albufera d’Elx, España, por la abundancia de animales que en ella se podían cazar. La familia d’Este edificó el Castillo y Delicia de Mesola en el siglo XVI, en el delta del río Po, Italia, como pabellón de caza, y el espléndido lugar es hoy día una atracción turística y un centro medioambiental. El Parque nacional de Keoladeo, India, fue creado hace 150 años como reserva de caza en un humedal por el maharajá de Bharatpur y hoy día es un parque nacional y sitio Ramsar, dotado de excelentes instalaciones turísticas.

Naturalmente, antaño esas actividades de ocio sólo podían permitírselas los miembros más adinerados de la sociedad, pues la gente normal no tenía ni tiempo ni dinero para consagrarse a ellas. Aunque así sigue siendo para la mayoría de los habitantes de algunos países, el tiempo de ocio de muchos, sobre todo en las sociedades más ricas, ha aumentado enormemente en el último siglo y en la actualidad los turistas son tan numerosos que atender sus necesidades y satisfacer sus deseos ha pasado a ser el objeto de todo un sector económico mundial.

En este contexto, los humedales, con las variadas posibilidades turísticas y recreativas que ofrecen, tienen mucho a su favor y, de hecho, muchos humedales acogen hoy día a gran número de personas para las actividades de visitantes más tradicionales como observación de aves, caminatas, pesca y manejo de embarcaciones, proporcionando ingresos notables a las localidades y a los países, aunque a veces contribuyen a aumentar la presión que se ejerce sobre los propios humedales.

Sea como fuere, en algunos humedales hay grandes posibilidades de ampliar estas actividades explotando mejor su abundante patrimonio cultural mediante atracciones turísticas y recreativas más especializadas.

Algunos humedales atraen a visitantes en virtud de las propiedades terapéuticas de sus aguas y lodos. El Mar Muerto, en la frontera entre Jordania e Israel, posee ocho veces más minerales que cualquier otro mar del mundo y es afamado desde la época bíblica por sus propiedades curativas.

Los lodos medicinales, empleados en la medicina china tradicional y recomendados por Hipócrates, el médico de la antigua Grecia y uno de los padres de la medicina occidental, se han convertido en un recurso básico de los balnearios turísticos, por ejemplo el lago de Ixpaco, en Guatemala y el Mar Menor, en España.

El turismo interpretativo es muy eficaz para promover el desarrollo sostenible. Los museos etnográficos, los museos de los sitios, los museos ecológicos y otros centros interpretativos permiten informar a los visitantes de la abundante tradición cultural de los humedales y, al mismo tiempo, hacer que ésta sea más valorada como parte de su propio patrimonio por los habitantes de la zona.

Por ejemplo, en muchas partes de Europa existen salinas que se siguen explotando de manera tradicional. Gestionadas en gran medida como lo eran hace 1.000 años, satisfacen también un interés cada vez mayor por conservar este patrimonio cultural en muchos países del Mediterráneo. El mantenimiento de estas prácticas de ordenación no sólo conserva el patrimonio cultural de la zona, sino que además ofrece la posibilidad de utilizar esos lugares para turistas como “museos vivos”, sensibilizando acerca de esta actividad tradicional y facilitando ingresos complementarios muy necesarios.

También hay salinas transformadas en museos en algunos países, entre ellos Eslovenia, España, Francia, Grecia e Italia. Un ejemplo extraordinario de ello son las salinas de Añana, España, cuyas bateas de madera, construidas en el siglo X, abarcan una ladera montañosa de más de 129 hectáreas de superficie y soy hoy día un monumento nacional que atrae a muchos visitantes.

En la reserva natural de los pantanos de Mai Po, sitio Ramsar situado en Hong Kong, China, se mantiene parte de una zona de humedales como ejemplo práctico de estanques de cría de camarones, gei wai, en los que se aplica una técnica de gestión practicada en zonas costeras de Asia durante muchos siglos. De esta manera, no sólo se mantiene la propia producción tradicional sino que también se respalda la enorme diversidad de fauna y flora silvestre asociadas a los estanques.

Los arqueólogos han registrado la historia temprana de las actividades humanas mediante sus excavaciones en todo el mundo y hay unos cuantos ejemplos de las construcciones imaginativas de embarcaciones, senderos, puentes, viviendas y condiciones generales de vida que pueden contemplar los visitantes de museos de humedales al aire libre en, por ejemplo, los Estados Unidos de América, Escocia, Francia, Grecia, Inglaterra, el Japón y Suiza.

En algunos centros, los visitantes pueden experimentar virtualmente la vida de sus antepasados, durmiendo en viviendas reconstruidas y remando en canoas rehechas. En Comacchio, al sur del delta del río Po, Italia, los turistas pueden seguir una ruta basada en el patrimonio cultural de la zona, contemplando restos patentes de litoral original y restos arqueológicos de actividades humanas en la zona, así como todo un buque romano que ha sido excavado.

Hay que reconocer que los humedales son con frecuencia ecosistemas frágiles y que el crecimiento no planificado de su explotación recreativa y turística puede hacer más daño que bien. Es necesario analizar y comprender la capacidad de soportar usos recreativos de cada uno de los humedales y se están elaborando metodologías para determinar la capacidad de carga “material”, “real” y “permisible”, en particular por parte de la Sede para el Estudio de los Humedales Mediterráneos (SEHUMED), de la Universidad de Valencia, España.

Los humedales ofrecen una armonía singularmente agradable entre elementos naturales y culturales que, de explotarse cuidadosamente, puede acrecer nuestro conocimiento y nuestra estima de esas notables zonas y mantener al mismo tiempo su patrimonio cultural en beneficio tanto de los residentes del lugar como de quienes las visitan.

  

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