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LOS HUMEDALES Y LA VIDA ESPIRITUAL

La conexión espiritual entre los seres humanos y los humedales tiene una larga tradición y sigue teniendo gran importancia

El agua es esencial para la vida y, por consiguiente, los sistemas de creencias de los seres humanos han considerado, desde los tiempos remotos, que el agua y los humedales son algo sagrado, lo mismo en las tierras en que abundaban las precipitaciones como en las zonas áridas. Aunque en la actualidad haya disminuido en algunas culturas, esta relación sagrada entre los seres humanos y los humedales sigue siendo patente en muchas partes del mundo.

La arqueología aporta amplias pruebas de la antigüedad de las creencias en torno de los humedales. Enterramientos de hace 8.000 años hallados en Florida, EE.UU., y los numerosos sitios arqueológicos encontrados en torno al lago Titicaca indican que hace 2.500 años existía una floreciente ruta de peregrinación. En Gran Bretaña, el nombre romano de la actual ciudad de Buxton era Aquae Arnemetiae, que recordaba su antiguo nombre celta, “aguas y arboleda sagrados”. El nombre se remonta probablemente a 2.500 años y se mantuvo la conexión entre las fuentes, los bosques y lo sagrado al tiempo que se difundía el cristianismo por Gran Bretaña, dando lugar a miles, literalmente, de fuentes, pozos, corrientes e islas de carácter sacro.

Puede verse una relación similar en la India, país en el que abundan las sequías que a menudo ponen en peligro la vida de sus habitantes. Las tradiciones hindúes de captura y mantenimiento de las lluvias se convirtieron en centro de un culto de lagos sagrados y los bosques existentes en torno a ellos. En los bosques de Vrindavan, consagrados a Krishna, en el norte de la India, cada aldea mantenía un kund, o pequeño lago, sagrado. Una arboleda en torno al kund ayudaba a retener las lluvias y en medio de ella se edificaba un templo o altar consagrado a una deidad, asociada normalmente a Krishna o a la diosa Radha. El kund y la arboleda eran sagrados e inviolables y propiedad jurídicamente de la deidad del templo, lo cual aseguraba la supervivencia del kund y su capacidad para almacenar las aguas de la lluvia, mitigar las avenidas, proporcionar agua para regadío y recargar las aguas freáticas que alimentaban los pozos de las aldeas y sustentaban la fauna y la flora silvestres. La desatención y la contaminación en épocas recientes de esos lagos antaño sagrados han provocado problemas cada vez mayores de escasez de agua, inundaciones y carencia de agua potable, y en algunos lugares se están desplegando esfuerzos para mejorar la atención que se presta a esos santuarios funcionales.

En la Península Arábiga, los humedales y las fuentes gozan de protección islámica jurídica desde el siglo XI. Denominadas himas, esas zonas protegidas abarcan hasta un kilómetro en torno a cuencas, fuentes o pantanos. Conforme a la legislación islámica, todas las criaturas necesitan agua potable y se les debe permitir recurrir a esas fuentes sin menoscabo, por lo que se prohíbe la explotación o la urbanización dentro de las himas. En el decenio de 1960, se liberaron muchas himas para actividades de urbanización, pero la reciente sensibilización en torno a la legislación ecológica islámica está dando lugar a esfuerzos de restablecimiento de este principio y restauración de las himas que han sobrevivido, movimiento que se está difundiendo a otras zonas islámicas, como Indonesia y Zanzíbar.

En las zonas forestales y de sabana de Guinea, las creencias tradicionales todavía están hondamente vivas en la vida cotidiana de las aldeas. Varios lagos son sagrados para las comunidades locales y unos rigurosos tabúes religiosos y normas locales dictan el aprovechamiento correcto de los recursos de los humedales. En el lago Wassaya está prohibido cazar, la época de la pesca es muy breve e incluso los cocodrilos son sagrados. Las personas que desean visitar el lago deben obtener permiso de un grupo de ancianos de las aldeas. Estas creencias tradicionales se siguen aplicando hoy día y han ayudado a mantener la integridad ecológica de esos humedales forestales.

La región de la Camarga, en el delta del río Ródano, en el sur de Francia, es famosa por sus antiguas festividades en honor de la virgen María, de la religión cristiana, los humedales y el mar. La principal ciudad del delta, Les Saintes Maries de la Mer, se llama así en honor de los vínculos de la virgen María con las aguas. Todos los veranos, se lleva su imagen a través del delta al mar, donde es lavada, para celebrar su protección de las aguas, las tierras y los habitantes de la región.

A veces, el valor sacro de los humedales les ha permitido sobrevivir sin la menor alteración durante siglos. En Ladaj, los humedales de elevada altitud del borde occidental de la meseta tibetana, a alturas situadas entre 4.000 y 5.000 metros, comprenden varios lagos sagrados, tan preciosos para la población budista local que no puede penetrar en las aguas ni utilizarlas para ninguna finalidad. Esos humedales son el único hábitat de algunas especies de aves y de floras únicas y mamíferos raros.

En algunas culturas, los sistemas de creencias no hacen distingos entre el valor económico y el social, cultural y espiritual de los humedales y la gente parece tener una perspectiva más global de su mundo. Los indígenas de Australia se consideran parte integrante de su entorno natural. Como los suelos de Australia son los más pobres de cualquier continente habitado y el clima es sequísimo, la elevada productividad de los humedales de ese continente hace que tengan una importancia muy especial para esos pueblos. Sus humedales son a menudo sagrados: son lugares históricos y prueba de la labor llevada a cabo por creadores ancestrales que hicieron el paisaje y satisficieron las necesidades de la gente. Esta perspectiva global se halla asimismo en muchos sistemas de creencias indígenas de África y las Américas.

La conexión espiritual entre los seres humanos y los humedales tiene una larga tradición y sigue teniendo gran importancia hoy día en muchas culturas, sus sistemas de creencias y sus tradiciones, que representan una característica importante del patrimonio cultural de los humedales, al tiempo que a menudo aseguran su conservación y uso racional.

  

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