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LOS HUMEDALES, FUENTE DE INSPIRACION EN EL
ARTE LA LITERATURA, LA MUSICA Y EL FOLKLORE
Los humedales y el agua han estimulado la creatividad de los seres humanos desde las épocas más remotas, dando lugar a una cantidad enorme de cantos, músicas, danzas, obras de arte, libros, rituales y narraciones orales.
Los humedales y el agua han estimulado la creatividad de los seres humanos desde las épocas más remotas, dando lugar a una cantidad enorme de cantos, músicas, danzas, obras de arte, libros, rituales y narraciones orales. La temprana dependencia de la mayoría de los seres humanos respecto de los recursos de los humedales produjo una rica tradición oral de canciones, narraciones y danzas que expresaban colectivamente el respeto y, a decir verdad, la reverencia que aquellas personas sentían hacia los humedales y que con frecuencia ayudaron a mantener prácticas tradicionales de ordenación y explotación de los mismos. Siguen siendo parte de la vida cotidiana de muchos de los 3 millones de indígenas que se calcula que viven por lo menos en 5.000 culturas diferentes en todo el mundo.
El agua y los humedales han sido factores esenciales de muchos festivales tradicionales vigentes todavía en alguna medida en la actualidad, como el festival acuático de Loi Kratong, Tailandia, durante el cual se arrojan a la corriente los kratong, copas flotantes hechas de hoja de plátano o de papel de colores que contienen una vela, bastones de incienso y flores, en señal de reverencia hacia el agua. Se celebran festivales similares en Laos y Myanmar. El festival de las aguas que celebran anualmente los dai en China está asociado a la fertilidad y la buena fortuna. En el Japón, durante siglos se han celebrado festivales de grullas, en los que se da la bienvenida a las aves en invierno y se conmemora su partida para criar en Siberia en primavera; las grullas siguen siendo un poderoso símbolo de longevidad en la cultura china y en la japonesa.
Aunque se siguen practicando muchas de estas antiguas tradiciones, con el transcurso de los siglos la mayoría de los seres humanos se han ido apartando de los humedales en su vida cotidiana, a pesar de lo cual los humedales siguen siendo una fuente de inspiración, a menudo de maneras muy diferentes a las tradicionales. Consideremos, por ejemplo, las muy diversas percepciones de los humedales en las dos descripciones siguientes de sendos escritores del siglo XIX:
“una lúgubre inmensidad de aguas... una horrible extensión de juncales... que no puede atravesar el pie humano... un ambiente preñado de pestilencia” (R. Warner, 1826)
“flores acuáticas de todos los colores y variedades se pueden ver en cualquier rincón de este lugar de profunda y silvestre soledad... repleto de silencio” (Buckingham Smith, 1847)
Los humedales pueden ser percibidos como lugares siniestros, sede del mal y del peligro, o bien como lugares de belleza natural inmarcesible: ambas visiones han inspirado a artistas, escritores, poetas y músicos.
Los humedales y su flora y fauna silvestres han sido tema habitual de los artistas chinos y japoneses durante miles de años y hoy día sus pinturas de pacíficas escenas y especies de humedales gozan de enorme aprecio, como es el caso de las obras de Kanou Eigaku, famoso artista japonés del siglo XIX. Gran parte del arte más conocido del antiguo Egipto se inspiró en la flora y la fauna del Nilo. La pintura paisajística de Europa occidental desde el siglo XV hasta principios del siglo XX, desarrollada en el norte por Patinir, Durero y Ruisdael e impulsada por otros artistas como Canaletto en Venecia y consolidada posteriormente con el Romanticismo de los pintores ingleses Turner y Constable, tuvo entre sus temas favoritos los lagos, los pantanos y los ríos. El impresionista francés Claude Monet concluyó su obra con una serie de pinturas de plantas acuáticas del estanque que había construido en su casa en Giverny, Francia. Hasta hoy día, artistas indígenas de todo el mundo siguen creando obras maravillosas basadas en temas relacionados con los humedales.
En la literatura inglesa, los estuarios han sido descritos como lugares silvestres y que producen emoción, pero impresionantes, como en el clásico Grandes esperanzas de Charles Dickens. En su imagen más amable también figuran como refugios y escenario de amores, como en los humedales descritos en El arroyo del francés de Daphne Du Maurier. El aspecto “más oscuro” de los humedales ha inspirado a escritores y productores de cine, a los que los pantanos han facilitado un entorno peligroso para hechos heroicos y un escenario fantástico para crímenes o hechos sobrenaturales. Considerado un clásico de las películas del Oeste, La reina de África, basada en la novela de C.S. Forester, cuyo escenario son los humedales situados en torno al lago Victoria en África, es un ejemplo característico de ello. Incluso los nombres dados a algunos humedales hacen mención de su índole temible, como el pantano estadounidense del Gran Desaliento [Great Dismal], al parecer denominado así por un explorador inglés que lo describió como “un desierto horrible, con ese vaho de sus fétidos humedades que se eleva constantemente, corrompe el aire y hace que sea imposible respirar”.
Los cenagales y las turberas son tipos de humedales corrientes en Europa septentrional, con su paisaje que ha servido de base a narraciones, leyendas y festivales populares. El hecho de que aún pueden servir de inspiración se ve claramente por el certamen de narraciones breves basadas en los cenagales y turberas, convocado por la Sociedad Finlandesa de Turberas en 1998, al que participaroncasi 1.000 autores de Finlandia, Suecia y el Canadá. Aunque muchas de las narraciones se basaban en temas naturales, varias utilizaban los humedales para crear ficciones policiacas, amorosas, bélicas y acerca de hechos sobrenaturales.
Elemento original de la religión de Grecia y el Asia Menor hace más de 3.000 años, las historias de los dioses griegos y sus actos se convirtieron en mitología griega y fuente abundante de literatura, poesía y obras artísticas. En la mitología griega, los humedales eran a menudo lugares sagrados asociados a deidades y varios dioses griegos eligieron ríos como el Acheloos y el Alfiós para “encarnarse”. El río Styx (probablemente, el actual río Acherón) tenía especial importancia, ya que separaba el mundo de los vivos del Hades, el de los muertos. Los poetas orales y literatos que dieron forma artística a los símbolos y narraciones de la mitología griega, como Homero y Hesíodo hace unos 2.500 años y Ovidio en la Roma de Augusto, utilizaron escenarios de humedales continentales, fluviales y costeros para muchas de sus narraciones más interesantes.
Los humedales han inspirado gran cantidad de poemas, y aunque muchos de ellos sólo sean conocidos en el plano nacional, o incluso sólo local, siguen representando una poderosa expresión del patrimonio cultural y pueden ser una importante aportación a la sensibilización en torno de los humedales. Así sucede, por ejemplo, en Cuba, donde el poeta local Efraín Otaño Gerardo se ha inspirado en el sitio Ramsar Ciénaga de Zapata para sus muchos poemas sobre el humedal y su flora y fauna silvestre, los que recientemente han sido recopilados para publicarlos en forma de libro.
Hay una maravillosa abundancia de música europea clásica con temas acuáticos o de humedales: por ejemplo, Handel quería que su Música del Agua fuese tocada en el agua, y lo fue para el rey Jorge I en el río Támesis en 1715. Otras ejemplos notables son el poema sinfónico de Smetana consagrado al río, la composición “Hamburger Ebb und Fluth” de Telemann, los “Cuadros del mar” de Elgar, el quinteto “La Trucha” de Schubert y el ballet “El lago de los cisnes” de Tchaikovski.
Recientemente, los humedales han inspirado tradiciones “nuevas” como los festivales de aves marinas celebrados en los Estados Unidos y en México en los últimos diez años, que ya se han celebrado en más de 100 lugares y que atraen a gente de la localidad y visitantes a los humedales para celebrar la llegada de las aves en primavera. Es el patrimonio cultural del mañana en marcha.
En todos estos terrenos, los escenarios y las asociaciones con los humedales han contribuido de manera esencial al desarrollo del patrimonio artístico de la mayoría de las culturas del mundo, acaso de todas ellas, y estos pocos ejemplos apenas arañan la superficie de este fenómeno. La enorme influencia que los humedales han tenido en las artes visuales, orales y escénicas, no sólo en la tradición clásica occidental sino también en culturas nacionales y locales de todas las partes del mundo, exige un análisis mucho más a fondo para entenderla y apreciarla mejor.



