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Energía y desarrollo sustentable
¿Una utopía?

  • En el reciente encuentro de Energía y Sustentabilidad realizado en la sede de CTERA en Buenos Aires, el ingeniero Pablo Bertinat del Taller Ecologista de Rosario planteó, en un detallado diagnóstico de la situación energética de Argentina, que “La trama de la llamada matriz energética no es un problema menor. La energía debe ser, en primer lugar un medio para satisfacer necesidades de la sociedad en su conjunto, y en ningún momento debe ser considerada como un fin en sí mismo”.

Buenos Aires, 10 noviembre, 2002.- A menudo se dice que el desarrollo del mundo moderno, va de la mano con el crecimiento del consumo de recursos energéticos. En el reciente encuentro de Energía y Sustentabilidad realizado en la sede de CTERA en Buenos Aires, el ingeniero Pablo Bertinat del Taller Ecologista de Rosario planteó, en un detallado diagnóstico de la situación energética de Argentina, que “La trama de la llamada matriz energética no es un problema menor. La energía debe ser, en primer lugar un medio para satisfacer necesidades de la sociedad en su conjunto, y en ningún momento debe ser considerada como un fin en sí mismo”.

“De qué manera se mide la energía, según Bertinat, es un aspecto a tener muy en cuenta”. El tipo de datos al que se puede acceder (usualmente no fáciles de hallar), por lo general “no registran lo que pretenden medir”.

Como ejemplo: un parámetro característico para computar desarrollo es medir el crecimiento del PBI y, asociado a este, el incremento del consumo de energía, pero sin tener en cuenta para qué y cómo se utilizó esa energía, en cuanto a calidad, eficiencia, y recursos que se consumieron.

Hay datos sobre cifras de generación, demanda, estructura de la demanda, etc., pero no respecto a necesidades satisfechas eficientemente. Es necesario aclarar esto pues, la existencia de una parafernalia de cifras pueden confundir un objetivo claro: lograr una mayor calidad de vida para el conjunto de la población, con el mayor ahorro energético y con el menor costo ambiental posible.

¿Se pone realmente en práctica este criterio?

El proceso vivido por el país a partir de los ’90, con un modelo que implicó un camino de liberalización y entrega a las “fuerzas del mercado” del sector energético, provocó muchos efectos (entre favorables y contradictorios), al punto que la idea de una mayor calidad con un menor impacto ambiental negativo, parece no haberse tenido muy en cuenta.

Habitualmente, al management energético les interesa si hay demanda. Y a esta hay que satisfacerla, sin importar qué fuentes de energía primaria se utilicen, más aún si el resultado es conveniente a los intereses políticos y empresarios del sector.

Mas beneficioso sería tratar de impulsar modos de consumos no habituales, que permitan establecer un Uso Racional de la Energía (URE), para beneficios de todos, y no de algunos pocos.

En nuestro país: casi el 95 por ciento de su población, entre urbana (allí también suele llegar la red de gas natural), y suburbana, tiene acceso a la electricidad. Pero alrededor de un 5 por ciento de los habitantes del país, se encuentran en calidad de rurales dispersos.

De estos últimos, unos 400.000 potenciales usuarios carecen de la misma. Y la situación seguramente no les cambiará por mucho tiempo, pues a las empresas distribuidoras de energía “no le cierran los números” para extender las redes a esa franja de población, casi siempre de magras economías.

Así, la oferta interna de Energía Primaria (que luego se convierte en energía eléctrica, entre otras), está dominada por el G. Natural con un 48 por ciento de participación, y el Petróleo con un 42 por ciento. Con un 5 por ciento participan la Nuclear e Hidráulica, y Carbón, leña y otros, el resto.

Gráficamente puede observarse que los combustibles fósiles cubren el 90 por ciento de esa matriz. En “otros” se encuentran las Energías Alternativas Renovables (EAR), de incipiente desarrollo local.

El lector podrá sacar sus propias conclusiones, en cuanto a las consecuencias de “quemar” dichos combustibles, y qué derivaciones puede acarrear eso en el futuro, debido a la altísima dependencia que nuestro país tiene respecto de dichos hidrocarburos, cuya explotación pertenece totalmente al sector privado.

Más aún, si se tiene en cuenta que desde 1990 el país se transformó en gran exportador de Petróleo, y unos años después, en exportador de Gas.

La pregunta es: ¿A dónde va tanto petróleo?

El primer mundo es un colosal consumidor de hidrocarburos, donde el sector transporte sobresale en toda su dimensión. Sobreviene en forma creciente la emisión de gases que contribuyen al calentamiento global debido al famoso “efecto invernadero”, algo ya totalmente aceptado por la comunidad científica y con diagnósticos, a mediano plazo, francamente preocupantes.

A fines del 2000 el consumo “per capita” argentino de energía era de 1,7 Tep (tonelada equivalente de petróleo); alto, si consideramos que en Brasil y Uruguay no llegaban a 1 Tep.
Pero en EE.UU. era de 8 Tep crecientes. He aquí prueba por la cual se exporta petróleo en increíbles cantidades al mundo desarrollado.

A pesar del auspicioso crecimiento de las EAR (solar y eólica), en Europa (España, Noruega, Dinamarca, Países Bajos, Alemania, entre los principales) y Japón, incluso en los EE. UU, como medio para sustituir el consumo de combustibles líquidos y gaseosos en la generación de electricidad, la contribución a la disminución de la emisión de gases nocivos, sigue siendo mínima y preocupante.

Las pautas del Protocolo de Kyoto, parecen un deseo muy difícil de alcanzar, pues los principales países impulsores de ese compromiso, no lo cumplen.

La imagen que se ha dado en llamar “fotografía nocturna del mundo” –según Bertinat-, permite observar la incidencia de los países desarrollados a través de sus profusas iluminaciones.
Esta bella imagen, muestra lo “complicado” que será reducir las emisiones gaseosas nocivas en algunos sectores del planeta.

Por un desarrollo energético sostenible

Nadie puede afirmar que los grandes centros industriales mundiales proveedores de los actuales medios de transporte, estén planeando sustituir en lo inmediato motores de combustión interna por otros basados en el URE.

El sector Transporte detenta, por lejos, la mayor participación en el “envenenamiento” de la atmósfera con dióxido de carbono y otros gases perjudiciales. Y en nuestro país esto también es así.

Las principales potencias, “exigen” que países del tercer mundo cumplan con lo firmado en Kyoto, evitando opinar sobre sus propias gestiones. La India es uno de esos países. Es que casi con 1000 millones de habitantes, el consumo de recursos energéticos es muy alto y poco controlado, en cuanto a todo tipo de formas y uso de las fuentes. Sin embargo, las potencias económicas poco hacen por ayudar a cambiar esa situación, al mismo tiempo que inundan su territorio con fábricas (de procesos industriales no tan limpios), y factorías de alta tecnología que alimentan con mano de obra sumamente barata.

Mundialmente, entre Industrias, Transportes, y Generación de Energía térmica, se produce el mayor porcentaje de Óxido Nitroso, Dióxido de Nitrógeno, Monóxido de Carbono, Dióxido de Carbono, y Micropartículas. Emisiones totalmente nocivas al organismo humano y animal, y responsables directos del aumento del calentamiento global, de cuyas temibles consecuencias pareciéramos no darnos cuenta. Es que estamos tirando la pelota lo más lejos posible, pero… nuestros hijos y nietos, podrán hacer lo mismo?

En definitiva, a pesar de la gran crisis, es imprescindible orientar el modelo de desarrollo hacia el camino de la sustentabilidad.

Queda claro que ya no deberíamos mantener una matriz energética insensible a la sostenibilidad humano-ambiental. Sólo es necesario contar con la voluntad política de mantener criterios de soberanía nacional y usos racionales de la energía. Lamentablemente para nuestro presente, estas condiciones aún no se han podido lograr.

Ing. René O Galiano
Fundación Proteger

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