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Johannesburgo en el filo de la navaja

“Quién decide el futuro del mundo y cómo?”, parece una pregunta demasiado grande; sin embargo es el interrogante que flota aquí, en la atmósfera de Johannesburgo.

Johannesburgo

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Un cielo que amaneció nublado y lluvioso desde hace varios días parece presagiar que la luz  no se hará fácilmente en el escenario de las negociaciones. Mientras se espera la llegada de los jefes de Estado, la perspectiva de consolidar los acuerdos de Río 92 parece alejarse hora tras hora. Por los pasillos del Sandton Convention Centre y en la gran sala de prensa donde parpadean las pantallas de cientos de computadoras, crecen las versiones de un retroceso de los compromisos ambientales, económicos y sociales hacia antes de la Cumbre de la Tierra.

No es sencillo enterarse de lo que realmente pasa con los borradores de los acuerdos que se espera salgan de Johburg. Ni es fácil tener acceso a los cambios, no ya para las organizaciones sociales sino para los propios delegados gubernamentales. Un diplomático comentaba “off the record” que ni siquiera los embajadores y funcionarios de alto rango pueden informarse plenamente y mucho menos influir con certeza sobre los famosos “draft”. Además, la Cumbre finalizará con una declaración política que, según trascendió, está en manos del presidente de Sudáfrica, Thabo Mbeki, y un estrecho e inaccesible grupo de colaboradores.

En el Sandton oficial continúan, como un verdadero “show off” las deliberaciones de los representantes gubernamentales discutiendo temas clave como el cambio climático, la producción de sustancias tóxicas, la pérdida de diversidad biológica y la pobreza. Párrafo por párrafo se discute el “programa de acción”, uno de los principales, y polémicos, documentos de la Cumbre sobre el Desarrollo. Sin embargo no hay que engañarse, las conclusiones del debate que se muestra por la TV no son vinculantes. Deben aún pasar a los bloques de naciones como el G77, o el Juscanz donde está el peso decisivo de países centrales como Estados Unidos, Canadá y Japón. Sobre todo estos últimos han tenido una posición solidaria con las grandes corporaciones industriales que no desean ver limitados sus apetitos por las exigencias de la sustentabilidad ambiental o social.

Los borradores están plagados de términos de una vaguedad a esta altura exasperante, como “apoyar”, “reforzar” o “proveer”. Es bien sabido que si no se establecen compromisos y objetivos claros, presupuesto asignado y cronogramas de acción, el mundo asistirá a una mera expresión de deseos. Muy probablemente se perderán otros diez años invalorables hasta una posible nueva Cumbre en el 2012. Las 77 páginas del borrador del plan de acción se están convirtiendo en un texto endeble, fortalecido por términos ambiguos que no comprometerán demasiado a los países signatarios, especialmente a las naciones ricas. El texto incluye directrices como “terminar con la pobreza global para el 2015″, lo que no resulta creíble ya que no se identifican la forma ni los recursos para alcanzar este objetivo.

Pero uno de los mayores escándalos de la Cumbre de Johburg es la puesta en tela de juicio de uno de los grandes logros de Río 92: el Principio de Precaución. Hace pocas horas el monumental principio desapareció de los documentos, reemplazado por el difuso concepto de “visión ecosistémica”, a instancias de la Unión Europea (UE). Como si fuera poco, Dan Nielson, un dinamarqués que preside el bloque de la UE, se mostró complaciente ante los durísimos embates contra el Protocolo de Kyoto destinado a mitigar el cambio climático -lo que causó un singular revuelo. Paradojas de la historia, desde que Dinamarca tiene un gran desarrollo de las energías limpias, especialmente la eólica. Que ocurrirá con “Kyoto”?, es otro de los grandes interrogantes aquí en Johburg.

Mientras cuatro marchas multitudinarias desplegan hoy su protesta, las sorpresas no dan respiro. El propio párrafo 47 del “draft”, sobre Derechos Humanos, corre el riesgo de ser suprimido por la fuerte presión de China y los países árabes quienes negocian el tema en las discusiones sobre energía. Entretanto el G77 pidió reabrir el párrafo 47 sobre biodiversidad, para cambiar el termino “obligaciones” por “acuerdos”. Buenos ejemplos del permanente trueque de poder, alianzas e influencias donde parecen perder los que menos tienen.

Quedaron atrás la retórica esperanzada del Informe Brundtland del `87 y más lejos aun las declaraciones de Estocolmo `72 convocando a las naciones de la Tierra a un “desarrollo sin destrucción”. La presencia de los poderes del siglo XXI hace sentir su peso abrumador. En las próximas horas sabremos cuanta tolerancia, visión, voluntad y solidaridad podremos esperar en las próximas décadas para con la Tierra y sus habitantes.

Justin Frieser, un niño de 12 años reclamó hoy a los gobiernos “que se restaure el ambiente tal como era hace 300 años”, en una conferencia de prensa de “Ambiente para los Niños”, una iniciativa de Naciones Unidas. Aunque la propia ONU parece inerme frente a la inminente caída de las metas conseguidas en Río para asegurar la supervivencia y la dignidad humanas.

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