Internacionales

Johannesburgo, una babel
a bordo del Titanic

  • La Cumbre sobre Desarrollo Sostenible está en plena marcha.
  • Más conocida como Río 10, el megaencuentro reúne a delegados de más de 200 países, desde representantes oficiales hasta miembros de ONGs, periodistas y personajes de todo el mundo como el canadiense que llegó caminando para la cumbre del ´92 y ahora está también en Sudáfrica después de caminar dos años.

Aquí en “Johburg”, como le llaman sus propios habitantes, se han congregado unas 60.000 personas en lo que seguramente es la mayor reunión mundial de este tipo en la historia. Sin embargo, esta cifra es exactamente la cien milésima parte de los 6.000 millones de seres humanos que habitan hoy el planeta. Proporcionalmente, es como si en una ciudad de 200 mil habitantes sólo dos personas estuvieran dialogando sobre las amenazas del presente y sobre cómo hacer posible el futuro.

Aun así “dialogando” es mucho decir, ya que, como en una reunión donde todos hablan al mismo tiempo, es muy difícil entender y hacerse escuchar. Hay unos cien eventos en la Cumbre, muchos de ellos simultáneos y esto explica por qué se ve gente corriendo o esperando con desesperación que partan los buses hacia diferentes lugares. Gran parte de la energía se consume en ir de un lugar a otro, ya que aparte de las deliberaciones oficiales en el Centro de Convenciones de Sandton hay otro megaevento en Nasrec, el Foro Global de la Sociedad Civil, a una hora de viaje. El “Water Dome”, a una hora de viaje más, reúne a cientos de organizaciones y redes internacionales que trabajan el gran tema del agua, como Ramsar, WWF, Both Ends y Rios Vivos. La Unión Mundial para la Naturaleza (UICN) tiene su propio Centro Ambiental.
Entretanto en Ubuntu Village, en otro lugar distante, se agrupan miles de personas en un gigantesco muestrario de expresiones sociales.

Si se tiene en cuenta que los reclamos y gritos de protesta en Ubuntu o Nasrec difícilmente lleguen a la Cumbre oficial, la sombra del “appartheid” parece no haberse disipado totalmente. Paradojas de un país moderno donde la celda de Nelson Mandela es un símbolo nacional. Precisamente fue el propio Mandela quien reclamó ayer vibrantemente que los temas del ambiente y la pobreza, especialmente el tema del agua, entren definitivamente en la agenda política. “Sin agua no hay futuro”, expresó, retomando el lema del Water Dome.

Sudáfrica no deja de ser un enclave europeizado en un continente devastado por la pobreza, el hambre, el avance de la desertificación, la violencia y las enfermedades como la malaria y el sida. “Johburg” tiene la impronta británica y la de los boers grabadas a fuego. Sandton es un gigantesco centro comercial y de convenciones difícil de dimensionar. El Sandton Centre opaca una decena de veces al mayor de los shopping que puedan verse en Buenos Aires, además de desplegar un impresionante standard de aire londinense. Sin embargo la economía sudafricana tambaleó con la crisis de Argentina y la moneda oficial, el “rand”, llegó a perder casi la mitad de su aliento frente al dólar.

No es casual que la Cumbre tenga lugar en África, como tampoco fue elegido al azar Rio ´92, para discutir los grandes temas del desarrollo y la supervivencia, según el enfoque. En Sandton los países ricos tratan de eludir compromisos ambientales y sociales fuertes, mientras los países pobres buscan mayores canales de diálogo y ayuda. Una década después de la Cumbre de la Tierra, se debate aquí no cómo avanzar sobre los logros de Rio sino apenas cómo no retroceder vergonzosamente. La presión de las grandes corporaciones se hace sentir con fuerza mientras tambalean principios básicos para la sustentabilidad y acuerdos clave como el Protocolo de Kyoto, que trata de limitar la quema de combustibles fósiles, poniendo coto a las emisiones de carbono responsabilizadas del cambio climático -uno de los temas acuciantes a la vista del desastre de las inundaciones en Europa y el reiterado regreso de El Niño.

El clima de Rio ´92 con su optimismo esperanzado y su hálito de flower power se han diluido aquí una década después en “Johburg”. Muchos rostros serios y un sistema de seguridad tanto o más estricto que en los aeropuertos no dejan lugar a dudas de que el sindrome post 11 de setiembre llegó para quedarse. Hace falta pasar hasta tres y cuatro controles de rayos X y detectores de metales para llegar a una reunión en el Sandton, cuando aún no han arribado los presidentes. Para ingresar a cada centro hace falta una identificación especial, fotografía digital incluida.
La Babel de “Johburg” se despliega en cientos de declaraciones y toneladas de papel, folletos y “press releases” emitidos desde diferentes centros de prensa. Los delegados gubernamentales se agrupan en bloques de naciones, como el G77 que nuclea a 133 países incluyendo China, India y los países de África, la Union Europea y el “Juscanz” donde Estados Unidos, Canadá, Nueva Zelanda y Japón hacen un frente común sumamente duro con un vocero propio.

Sin embargo el gran ausente es el presidente de los Estados Unidos. Obleas multicolores con el rostro de Bush preguntan: “¿Donde está W?”. Retomando la imagen del título puede imaginárselo como el capitán de un barco que atraviesa en plena noche un mar atestado de témpanos y que, sin embargo, da la orden de poner más combustible a las calderas.

Fotografías por Mike Hutchings (Reuters), Howard Burditt (Reuters) y Juda Ngwenya (Reuters), cortesía de Yahoo! Canada.

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