Hoy en la Argentina los glaciares se ven amenazados por un número cada vez mayor de grandes proyectos mineros que avanzan sobre áreas glaciares y periglaciares. Es preciso que ese proceso de destrucción se detenga de inmediato. Es incomprensible que el Gobierno Nacional esté demorando la aplicación de la “Ley de Glaciares”, aprobada en septiembre de 2010. La Ley de Glaciares debe comenzar a ejecutarse sin más demoras e iniciarse de manera urgente las auditorías ambientales sobre los proyectos mineros en ejecución.
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La Ley de glaciares es un gran
logro en un largo camino

El Campo de hielo sur, entre Argentina y Chile, tiene una extensión de casi 17.000 km2 y es el más grande del mundo en regiones no polares. En la imagen, el glaciar Perito Moreno. Foto F. González Brizzio / Proteger
Buenos Aires, 3 octubre 2010.- Más de 200 organizaciones ambientalistas y asambleas ciudadanas celebraron la sanción de la Ley de Protección de Glaciares que permite preservar una reserva de agua dulce de vital importancia. La nueva Ley protege en especial a las comunidades y productores cordilleranos, desde agricultores familiares, viñateros y emprendimientos frutihortícolas y turísticos hasta centros poblados cuyo abastecimiento de agua y supervivencia dependen de los hielos glaciales. El campo de hielo sur, entre Argentina y Chile, tiene una extensión de casi 17.000 km2 y es el más grande del mundo en regiones no polares.
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La ley de glaciares espera en senadores,
más de cien organizaciones reclaman

En la imagen, el glaciar Vinciguerra, el más importante de la Provincia de Tierra del Fuego. En 2009 ha sido declarado Sitio Ramsar. Foto Esteban Soto
Buenos Aires, 21 septiembre 2010.- Piden que el Senado de la Nación apruebe sin demora el proyecto tal como fue sancionado en Diputados, para proteger eficazmente estos recursos vitales e iniciar la planificación estratégica de un área de extremadamente sensible como es la Cordillera de los Andes. Los glaciares son irremplazables para la provisión de agua, de la que dependen en forma directa las actividades económicas primarias de la región. Entre ellas, el quehacer agropecuario y el cultivo de la vid. Los ingresos de muchas localidades cordilleranas provienen del turismo, cuyo principal motor son los ambientes de montaña. Cientos de comunidades tradicionales e indígenas dedicadas a la agricultura familiar dependen también del agua dulce de los hielos cordilleranos.

